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Opiniones de hoy

Tanta irresponsabilidad

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La ignorancia genera oscurantismo. A más ignorancia, más prejuicios y menos evolución. Una condena segura al perpetuo subdesarrollo.

La señora, dueña del aire, del espacio y de la atención de quienes coincidimos con ella, no dejaba de hablar. No. No hablaba, despotricaba con un recio timbre de voz. Esa tarde en particular, el tema de conversación era el mismo en todos lados, ¿Cómo no?  Fue, sin duda, un día extraño. Como lava, sus ríos de imágenes inconcebibles quemaron el globo con noticias que hacían erupción en todas las plataformas. Calamitoso Día de Reyes.  

Agitada, la dama en cuestión hablaba de una mujer, de cierta inmigrante africana, refugiada –dijo– inexperta, mal intencionada, vengativa. A todas luces, describía a una señora peligrosa. Era ajena a su conversación, no sabía de quién hablaba. Al principio, en todo caso.   

Continuó con vehemencia mientras las cuatro o cinco personas presentes guardábamos peculiar silencio. –Es una amenaza para nuestro país, para los empresarios que todo arriesgan. Nos tiene en la mira para volvernos comunistas. – Estupefacta, crucé mirada con otras personas. –¡Ni siquiera nació ahí! –sentenció. En ese momento comprendí de quién hablaba.

Jamás interrumpo conversaciones ajenas. Mucho menos discursos. Pero aquello era un disparate sin pies ni cabeza. Mientras el Capitolio era afrentado con el ingreso de la bandera Confederada y la abominación que simboliza, alguien en nuestro pequeño país inventaba una identidad alterna a la hoy Vicepresidenta de Estados Unidos.

Con voz templada, expliqué a quien quisiera escuchar, que la vicepresidenta Harris, quien se considera orgullosamente afro-asiática-americana, minoría entre minorías, no es africana. Sí nació en Estados Unidos, de lo contrario no podría ser electa. Es una abogada con educación de primer orden dedicada al servicio público. Sus padres sí inmigraron, pero no como refugiados. Fueron estudiantes privilegiados, él nació en Jamaica y es catedrático de Economía en Stanford, ella en la India y fue científica. Dedicó su vida a la investigación del cáncer. Compartí otro par de datos precisos para luego guardar total silencio. La señora, muy seria, me vio fijamente. –No estoy segura de eso. Puede ser –espetó– aun así, es una amenaza.    

Hay coincidencias épicas y coincidencias irónicas, como esta. Hace unas semanas tuve oportunidad de leer ‘The truth we hold’, las memorias de, precisamente, Kamala Harris. La lectura concienzuda transforma el conocimiento. Lo expande o enriquece o invita a nuevas exploraciones, lo pone a prueba, su poder es casi mágico. 

El libro recorre las raíces mestizas de la Vicepresidenta, su carrera como Fiscal del Distrito de San Francisco y después como Fiscal General de California. Muestra el complejo mundo de las campañas electorales, el funcionamiento del Senado. Explica la burbuja inmobiliaria de 2008, se acerca al movimiento ‘Me too’ y otras minucias. Algunas entretenidas, otras apabullantes, todas reveladoras. 

No es intención de esta pieza defender a la vicepresidenta Harris. No lo necesita, no en nuestra comarca. Tampoco es una reseña de sus memorias. Buscan estas palabras, en todo caso, colocar sobre la mesa la tajante irresponsabilidad que supone ir por la vida malinformando sin fundamento ni conocimiento. 

Somos gente del “dicen que…” Peor aún, aseguramos hechos y datos cuya fuente es un fangal de chismes. Construimos historias de terror o fantasías animadas sin más sustento que la ignorancia. Y la ignorancia no genera más que oscurantismo. A más ignorancia y prejuicios, menos evolución. Este es el círculo vicioso que, en la terca rigidez de nuestro país, no permite construir criterio. No se practica el cuestionamiento profundo. No se educa en el hábito de investigar objetivamente e informarse antes de dar rienda suelta a la lengua sin la solvencia de una verdad sustentada. Estancar el entendimiento en la superficie de los acontecimientos es una condena al perpetuo tercermundismo. Jamás permitirá el desarrollo de destrezas críticas que provoquen cambios positivos. 

La señora que cambió la cuna, la sangre y la educación de Kamala Harris es una víctima más de esta cultura pueblerina del siglo XIX. Repetía lo que otra persona también repitió. Hablaba desde el miedo.

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