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Opiniones de hoy

El conspirador en jefe

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El pasado domingo en las páginas de ‘elPeriódico’ Moisés Naím se atreve a hacer una comparación entre De Gaulle, Mao, Perón, Chávez y Trump (el general De Gaulle y Mao deben haberse estremecido en sus respectivas tumbas). Trump no tiene ninguna similitud ni con el primero ni con el segundo. De Gaulle condujo –desde Londres– buena parte de la resistencia francesa contra la ocupación de las tropas hitlerianas en Francia y pidió que se reformara la Constitución a fin de ponerle fin a la guerra de Argelia lo cual llevó a cabo siendo ya presidente de la V República. Mao condujo un ejército revolucionario contra la ocupación japonesa y después contra los nacionalistas de Chiang Kai Shek que se refugiaron en Taiwán al ser derrotados. Es posible que el populismo de derecha trumpiano se parezca al populismo “de izquierda” de Perón y de Chávez. Sin embargo, en tanto que país capitalista desarrollado a quien realmente se parecen Trump y los trumpistas es a Mussolini y a Hitler. Eso explica la rabia contra los antifascistas en Estados Unidos al igual que su racismo visceral explica su odio contra el movimiento Blacks Lives Matter y su simpatía por los neonazis y los supremacistas blancos. Y tampoco se puede pronosticar que ahora Trump se convertirá en caudillo de un movimiento populista “de oposición” a Biden como hace Naím. Es mucho más probable que –como dice Edgar Gutiérrez en su artículo del jueves– aunque Trump no es Hitler, atizó el racismo (y resembró el país de xenofobia, especialmente contra los latinos) pero no supo revertir la desindustrialización provocada por la segunda etapa de la globalización y al saberse perdedor de las elecciones promovió la gran mentira del fraude por lo cual lo más probable es que el sector mayoritario e institucional del Partido Republicano lo abandone como lo demuestra el voto de diez congresistas de ese partido a favor del segundo ‘impeachment’ del ‘“führer”’, así como la toma de distancia de personajes como Bush, Romney, Kasich, Cheney y un largo etcétera. Los republicanos serios e institucionales se encuentran ahora ante la disyuntiva de expulsar a los sediciosos e insurrectos del Grand Old Party o fundar un partido nuevo: esa es la encrucijada fundamental de la política norteamericana interna para el futuro próximo. No un movimiento populista al estilo latinoamericano como sugiere Naím. En realidad lo que quedó demostrado con el asalto al Capitolio de esas turbas “violentas, fanáticas y demenciales” estimuladas y alentadas por Trump es que lo que en verdad se buscaba era dar un golpe de Estado (con la ayuda de congresistas y senadores “trumplicanos”) terminando con el sistema democrático e inspirados por el incendio del Reichstag de Hitler en 1933. Eso estaba y sigue estando dentro de los planes de las milicias supremacistas blancas (a las que se refiere Fernando González Davison el viernes) como lo demuestra el gran resguardo militar que se han visto obligados a montar las autoridades militares para proteger a los asistentes y dar seguridad a la toma de posesión de Biden y Harris.

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