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Opiniones de hoy

La soberbia del poder

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Hay un gran escepticismo ante lo que el Presidente de la República plantea y ofrece.

Los discursos políticos en la era digital pasan por regla general a un segundo y/o tercer plano de la atención ciudadana. Hoy en día las grandes, poderosas, influyentes e intocables plataformas digitales como Twitter y otras, son los medios de comunicación social de cobertura masiva y de uso obligado por los políticos tanto los que están en el ejercicio del poder como los que desde la oposición luchan por alcanzarlo. Ahí está el ejemplo emblemático del presidente republicano Donald Trump, maestro en el uso comunicación digital, quien está a unos días de pasar a convertirse en líder de un movimiento de oposición política a la nueva administración estadounidense y que será un desafío para la unidad del partido Republicano, aun cuando se intente silenciarlo por algunas de las plataformas digitales.

Ahora bien, retrotrayéndonos un momento a nuestro entorno nacional, los discursos presidenciales del 14 de enero pasado, que se dan al final de cada año de gobierno como un informe de gestión política y/o de la delineación de una visión hacia el futuro, pasaron como era de esperarse sin ninguna novedad ni trascendencia que llamara la atención ciudadana. Y mucho menos fueron tomados en cuenta en los medios digitales. Sin embargo, hay rasgos preocupantes en la forma en que se percibieron los mensajes. En política la forma puede ser el fondo de los temas de gobierno. 

El presidente de la República, Alejandro Giammattei, en su corto y por momentos improvisado discurso ante un Congreso de la República impávido y semivacío, que es la representatividad política del país, mencionó repetitivamente la necesidad de que los guatemaltecos “debemos unirnos, de tender puentes entre nosotros, de no abrir más zanjas, de no abrir más trincheras sino al contrario construir puentes más allá de nuestras diferencias de todo tipo. Es el momento de la construcción de puentes que nos hagan ver la posibilidad de dejar atrás décadas de abandono en los sistemas de salud, en los sistemas de educación”, entre otras afirmaciones. 

Asimismo, el Presidente en el discurso insistió que es el momento de “unirnos por la paz, de hacer lo necesario para construir esa paz firme y duradera no producto de un acuerdo sino producto de una actitud que los guatemaltecos tenemos que tener , es el momento que unidos haremos que esta Guatemala sea diferente”. 

Estos llamados reiterativos y desordenados a tender puentes y a unirnos evidencian de una forma un tanto encubierta el reconocimiento de que su gobierno no ha logrado la gobernabilidad mínima necesaria, es decir los consensos con los diversos sectores del país ni ha tenido la actitud ni la voluntad política para ello. Es importante que el Presidente de la República, quien expresó que hoy somos mejores que hace un año, reconozca sus errores y demuestre una genuina y consistente actitud de querer enmendarlos frente a los desafíos del país que él mismo manifiesta. Ha tenido actitudes públicas de prepotencia, de intolerancia y de falta de respeto hacia las comunidades indígenas, la prensa, hacia personas y sectores que no comparten su criterio o posición ideológica y con funcionarios del propio gobierno, incluido el Vicepresidente de la República con quien se asumía se había reconciliado públicamente. Hay situaciones en las que afirma persistentemente que todo va bien. Hizo ver que “ la pandemia no sabía de qué estamos hechos los guatemaltecos, que nos uniríamos como nunca antes, empresarios, sociedad y el gobierno nos acercaríamos no sabía que los guatemaltecos lo daríamos todo por enfrentarla y resistimos y aprendimos rápido”.

Si bien el manejo de la pandemia en un principio generó la colaboración oportuna del sector privado y de otras instancias nacionales y extranjeras, se ha ido perdiendo la confianza ciudadana en el manejo de la misma. Los contagios se han incrementado en estos primeros días del año más allá de los meses críticos del año pasado y el sistema de salud pública y privada están llegando a sus límites de atención médica. Hay inquietud de qué tan pronto estarán llegando las vacunas anti-COVID-19, y qué tan efectivo será el Plan Nacional de Vacunación, que aún está pendiente de que se elabore. 

Hay un gran escepticismo ante lo que el Presidente de la República plantea y ofrece. Los discursos que pronuncia no tienen ya trascendencia alguna. Y prevalece el criterio de que la corrupción está desarrollada en este gobierno a gran escala, un tema que fue obviado en los discursos presidenciales. Se percibe por la ciudadanía que la obra pública y los futuros proyectos que se mencionaron seguirán siendo un botín de grandes negocios. 

El panorama es sombrío. Se ha enseñoreado abiertamente la soberbia en las alturas del gobierno, un rasgo muy marcado en los regímenes autoritarios pero que es una gran debilidad en los sistemas democráticos. Espero estar equivocado por el bien de Guatemala.

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