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Opiniones de hoy

Al oído de un diplomático bisoño

opinion

“El verdadero talento del diplomático es la verdad dicha con fuerza y convicción pero siempre con elegancia”.

Un notable diplomático del siglo XIX solía afirmar, medio en serio medio en broma, que no es indispensable ser inteligente para ejercer adecuadamente dicha profesión pero que por el contrario es imprescindible ser cortés… El Embajador francés Berthelot era de reconocida inteligencia pero sin duda también un inveterado guasón. Y es evidente que existen otras cualidades –aparte de la cortesía– que surgen de la vocación misma de la diplomacia tal como son el sentido crítico, el sentido común, y cierto olfato que le permita al Jefe de Misión juzgar con certeza las situaciones y sus actores, para transmitir la información oportuna a su Gobierno con exactitud, sin deformaciones ni florilegios. 

Un diplomático deberá ser valiente para comunicarle con “discreción” al gobierno donde se halle acreditado “la verdad” –su propia se sobreentiende– sin por ello ofenderlo ni causarle contratiempos públicos. Pero a la vez deberá mostrar la misma decisión y veracidad de cara a su propio gobierno arriesgándose eventualmente a desagradar a sus propios superiores. La mentira y la intriga útiles en la época de Maquiavelo ya no son viables frente a medios de comunicación que todo lo averiguan y todo lo filtran. Y ha sido así como se ha modificado sustancialmente la función diplomática desde que los Jefes de Gobierno se comunican entre sí con la frecuencia que requieren y desean. Medios de comunicación digitales y de todo orden están a la disposición para tratar directamente entre colegas-gobernantes temas y crisis que vinieran a surgir y preocuparles. 

Se podría considerar, dentro del contexto anterior, que los diplomáticos acreditados en el extranjero habrían perdido gran parte de su vigencia. Es una aseveración a medias ya que la diplomacia ha hallado hoy nuevos derroteros en las relaciones multilaterales, en lo económico, la cooperación, lo cultural en que se deberá invertir gran parte de esfuerzo, talento y sello personal. Pero aun en estas actividades que pudieran considerarse más relajantes que lo estrictamente político, el representante deberá con frecuencia hacer frente a la indiferencia y/o la agresividad de las autoridades del país donde ejerce su acreditación. En tales casos le será conveniente mantener la sangre fría y recordar las instrucciones de Choiseul ministro de Luis XV Rex Francorum –siglo XVIII– a sus embajadores: “El verdadero talento del diplomático es la verdad dicha con fuerza y convicción pero siempre con elegancia”.

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