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Opiniones de hoy

Dos cosas negativas no hacen una positiva

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Este no es el momento para pretender aumentar impuestos con tal de mejorar la recaudación tributaria, así como tampoco resulta válido justificar cualquier tipo de gasto en nombre del combate a la pandemia o la reactivación.

La necesidad de aumentar la recaudación tributaria no es nada nuevo para Guatemala; sin regresar tan atrás en el tiempo, bien podría decirse que con el nacimiento de la nueva república durante el primer cuarto del Siglo XIX, nacen los problemas de la insuficiente recaudación tributaria y, dicho sea de paso, del contrabando. Doscientos años después, a grandes rasgos, el problema sigue siendo el mismo y, de cierta manera, las soluciones que de cuando en cuando se ensayan. Para bien o para mal, dos siglos de experiencia en este sentido dan cuenta que el enfoque no ha resultado ser efectivo para resolver la insuficiencia crónica de recursos en las arcas del Estado. La pandemia del COVID-19 no ha hecho más que mostrar, una vez más, las profundas debilidades que sufre Guatemala en este sentido. Con el agravante que para muchos contribuyentes formales, cumplir con las medidas sanitarias necesarias representa costos adicionales y prohibitivas limitaciones en el peor de los momentos. En ese sentido, citando nuevamente la experiencia de los restaurantes de la Ciudad de México, es preocupante que los dueños de estos negocios reclamen estar “ante un piso desigual”, dada la falta de razonabilidad de las autoridades para exigir costosos requisitos, prohibiciones y procedimientos que se solicitan a quienes operan en la formalidad pero que se pasan por alto con quienes lo hacen en la informalidad. Un grito de desesperación, o de guerra, que alcanza su clímax cuando un grupo de vendedores formales de ropa en el centro de aquella ciudad trasladan sus productos a la acera y reclaman que “si para poder sobrevivir hay que salir a la calle, pues lo hacemos. A los informales no les hacen nada y a los formales nos va de la chingada”. 

En la medida que avanza la pandemia, cada vez parece más probable que la resiliencia mostrada por la la economía ante esta crisis, más que una característica virtuosa de la misma, radique en los altos niveles de informalidad que existían antes de la pandemia y que, seguramente, aumentarán durante la duración de la misma. Pretender aumentar la recaudación de impuestos en este contexto, no solo puede terminar en un fracaso sino profundizar aún más los niveles de informalidad que ya existen. Esto no quiere decir que la SAT deje de hacer su trabajo, sino que se enfoque en facilitar la recaudación para aquellos contribuyentes que luchan por operar en la formalidad. Demás está decir que este no es el momento para pretender aumentar impuestos con tal de mejorar la recaudación tributaria, así como tampoco resulta válido justificar cualquier tipo de gasto en nombre del combate a la pandemia o la reactivación. Dos cosas malas no hacen una positiva.

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