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Opiniones de hoy

Soliloquio con un político

opinion

Otra orilla.

Qué tal señor político. No. No se insufle porque lo llamo así. Pienso que usted es un sujeto oportunista a quien algunos de mis colegas lo agremian a la mal llamada “Clase Política” y lo llaman político, pero no lo es. No llena las mínimas cualidades de un estadista menos, que demuestre su capacidad para tomar decisiones que beneficien a la mayoría de ciudadanos. Tampoco tiene la formación suficiente que le acredite méritos y trabajos que beneficien a los pobladores de la localidad que representa. Desde mi criterio, no es un guatemalteco formado para dirigir. O que tenga experiencia para impulsar obras y programas que beneficien al pueblo. Solo mírese. Si no se apoya en el criterio de veinte asesores y diez técnicos ni siquiera sacaría las castañas del fuego.   

A los votantes los enganchó con su verborrea. Ahora milita en un tercer partido donde le ha sonado el bombo, a cambio de soltar a los dueños 2 o 3 millones para que lo mantengan como  intermediario incondicional de los saqueadores del país. Ellos toman precauciones y cierran filas en los ámbitos del poder, donde usted sabe servir sin cuestionar, menos oponerse.

Qué papel tan lamentable. En su vida personal y pública le queda muy ancho el calificativo. En realidad es un improvisado, neófito y mediocre. Llegó al poder del Gobierno o del Congreso para recibir directrices, órdenes de los capos que lo respaldan y le cobran. Cuánto daño hacen a Guatemala con su empecinamiento oscurantista y corrupto. Un país, desbarrancado a las simas profundas del subdesarrollo. 

Un país, que continúa siendo despojado por esa malvada tendencia –de usted y sus patrocinadores– de subrogar, concesionar o entregar los bienes del Estado. Son los grupos que arriban al poder, los que concesionan o destinan para ávidos postores las riqueza naturales u otorgan contratos de vergüenza. En esos documentos los réditos que quedan localmente avergüenzan. Su malinchismo, su enceguecimiento y su criterio adoctrinado de entreguismo, espanta. 

No entiendo por qué pretende que todo lo que hace y dice, –que no hace mucho–, sea siempre indiscutido y aceptado con beatitud y obediencia. Contradice los principios de los que tanto habló a sus votantes: fortalecer los principios democráticos. Esas fueron promesas que se llevó el viento. Nuestra realidad es otra. Ojalá este año la Providencia nos haga el milagro para que usted y las redes de saqueadores del país se convenzan que, volverse millonario a cambio de mantener a su pueblo muriéndose del hambre y de carencias es una maldición generacional. Tal vez así, trabaja para quienes lo eligieron. No nos engañen más.

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