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Opiniones de hoy

Si las personas fuesen ángeles…

opinion

… no serían necesarios los gobiernos. (James Madison)

El miércoles 6 de enero de 2021, cual epifanía republicana, una significativa mayoría de congresistas de ambos partidos políticos de los Estados Unidos de América, nos dieron un ejemplo muy vivo y concreto del principio de separación de poderes y su sistema de pesos y contrapesos (‘checks and balances’).

Lejos de amedrentarse ante el asalto al Capitolio, los miembros de ambas cámaras parlamentarias unificaron criterios y continuaron con la sesión bicameral para confirmar los votos electorales emitidos oportunamente a favor de Biden/Harris luego de las muy concurridas elecciones generales de noviembre del 2020.

Concluyeron sus labores en la madrugada del jueves 7, en una sesión sin precedentes, demostrando su lealtad a los principios republicanos y ante todo, su sumisión a las instituciones democráticas, entre ellas, el voto popular.

El poder Legislativo federal de los EE. UU. demostró una independencia total del poder Ejecutivo y un respeto incondicional a las decisiones judiciales, precisamente en el momento que más se necesitaba.

En esta columna no me refiero a escenas que darían lugar a comentarios subjetivos sobre las huestes que ayer tomaron las instalaciones parlamentarias e inclusive los despachos de algunos congresistas. Eso es asunto interno de los “americanos”, como ellos mismos se autodefinen.

Por el contrario, me concentro en comentar la institucionalidad de dicho país y la activación real del sistema de pesos y contrapesos. 

Ese sistema ya se ha puesto a prueba máxima en algunas ocasiones anteriores (como el “empaquetamiento” que Franklin D. Roosvelt quiso hacer en la Corte Suprema de Justicia, para recuperar el control liberal de dicho organismo). Sin duda, los días 6 y 7 de enero de 2021 entran ya en los registros históricos de EE. UU. como fechas donde el decoro y la decencia hicieron que el sistema republicano funcionara en circunstancias extremas y nunca antes experimentadas en dicho país. 

Antes de los eventos de esta semana, en ocasiones anteriores se evidenció una gran división bipartidista, como por ejemplo la decisión de no declarar “procesable” al Presidente saliente (‘impeachment’), o la designación de la jueza Barret a la Corte Suprema de Justicia. 

Pero a la hora crucial, se superó dicha división. Paradójicamente, el inquilino de la Casa Blanca logró exactamente lo contrario de lo que esperaba lograr.

James Madison, quien por su gran influencia en el texto constitucional fue realmente considerado el Padre de la Constitución, hablando de ángeles y no ángeles (¿demonios?), a la frase que sirve de introducción a esta columna, agrega esta otra: ‘“Al establecer un gobierno que será administrado por personas sobre personas, la gran dificultad reside en esto: primero se debe lograr que el gobierno controle a los gobernados, y el siguiente paso es obligar a dicho gobierno a que se controle a sí mismo”’. Qué razón tenía.

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