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Opiniones de hoy

Un cambio de era

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El dogmatismo y el fundamentalismo buscan capturar a esas mentes sedientas de alternativas inteligentes.

Lo que aprendemos define la forma en que actuamos, porque es la forma que comprendemos sobre nosotros, sobre la realidad y sobre el entorno que nos rodea. ¿Qué libros leímos, qué valores fundamentaron nuestro paradigma en el medio donde crecimos y hoy aún prevalecen, cual es el discurso socialmente aceptado? Parte de ese discurso aceptado en algunas elites repiten la idea que el “gobierno es un mal” y que quienes trabajan para él son parásitos. Que algunas personas ‘nacen para ser empleados y otros para ser jefes’, que el crecimiento económico es el objetivo primordial de las políticas públicas, que la organización colectiva es comunismo, que los DD. HH. son un lastre y que algunas políticas públicas deben basarse en dogmas religiosos occidentales. El problema es que esa generación tarde o temprano llega a puestos de toma de decisión, que consecuentemente responden a esos paradigmas con rezago cognitivo, sin ponderar los cambios de los tiempos.

El paradigma occidental en Latinoamérica en el que quienes somos adultos crecimos dependió mucho del contexto geopolítico del fin del siglo XX. La GENX en Latinoamérica nacimos y crecimos en el contexto de la Guerra Fría, en el desarrollo de un Orden Mundial occidentalizado, post-II Guerra Mundial, poscolonial y que en la lucha de poder, los grandes centros de gravedad geopolítica, adecuaron sus piezas y operadores institucionales en Estados satélites. Los valores de la familia, la propiedad privada y la individualidad fueron y siguen siendo predominantes. Las dictaduras en Latinoamérica contribuyeron a implantar agendas políticas en función de los intereses geopolíticos y económicos del Norte, muchas veces ignorando o aprovechándose de las carencias sociales y realidades internas de los países. Realidades como la exclusión, la concentración de riqueza, el racismo y la pobreza estructural. El discurso de desprestigio y el desmantelamiento sistemático de procedimientos, instituciones y regulaciones contra regulaciones y políticas para prevenir la destrucción ambiental o la protección a los derechos humanos y de trabajadores iniciada a finales de los setenta sigue aún vigente en muchas mentes conservadoras. La década perdida de los ochenta y la polarización ideológica de dicho tiempo se enquistó en la población adulta que hoy toma decisiones y aún ve fantasmas en el horizonte.

Las generaciones nacidas a partir del 2000 (‘Millennials’, ‘Centennials’ y GenZ) sin embargo, crecen hoy con otro paradigma. Su exposición a información y tecnología, las consecuencias de un mundo que produce muchas cosas, pero destruye culturas, ecosistemas, capital social les permite ver en perspectiva el futuro que heredarán. Los retos más grandes a la humanidad son hoy de carácter ambiental: La destrucción de biodiversidad, el cambio climático y el impacto humano en ecosistemas. Otros, como la vulnerabilidad de los sistemas de gobernanza e instituciones democráticas, la concentración de la riqueza global, las brechas de desigualdad y el impacto de la tecnología digital en la vida humana lo que la juventud ve en su horizonte. Los beneficios del liberalismo sin embargo, le han permitido a esa generación, desarrollar su propia conciencia.

La pandemia nos dio la oportunidad de reflexionar sobre el rumbo hacia donde nos dirigimos como humanidad. Las brechas entre grupos con privilegios heredados y otros con rezagos históricos desencanta a algunos, pero motiva a otros/as a actuar y levantarse por sus derechos y su futuro.

El dogmatismo y el fundamentalismo buscan capturar a esas mentes sedientas de alternativas inteligentes. Aunque hay quienes sucumben, una nueva perspectiva antihegemónica y crítica es el paradigma que se construye orgánicamente en lo que podemos llamar una nueva era.

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