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Opiniones de hoy

Un año no alcanza para construir el futuro que queremos

opinion

Soñamos con un país en que las familias cimentadas en el vínculo entre dos personas del mismo sexo que se aman tengan los mismos derechos que hoy en día tienen las parejas heterosexuales

Enero arranca con un ejercicio – casi siempre personal – que busca cambiar hábitos malos por otros mejores. A nivel profesional y para algunas organizaciones, lo normal es que hagamos una planificación del trabajo del próximo año, algo que siempre es una ruta que luego debe revisarse a la luz de tiempos y condiciones cambiantes. En 2020, aprendimos a navegar un mundo que no respondía a nada de lo que habíamos planeado, tras el surgimiento de una pandemia que cambiaría por completo cómo trabajamos y nos relacionamos. Con esto en mente, Visibles – la organización de derechos humanos LGBTIQ de la que soy parte – hizo un ejercicio de plantearse las metas que quería lograr en el año 2021.

Soñamos, por ejemplo, con un país en el que las personas trans puedan acceder a documentos que reflejen su identidad, en que las familias cimentadas en el vínculo entre dos personas del mismo sexo que se aman tengan los mismos derechos que hoy en día tienen las parejas heterosexuales. Con un Estado que condene los crímenes por prejuicio -las formas más evidentes de violencia extrema en contra de las personas LGBTIQ- , y reconozca que debe tomar en cuenta esas particularidades al momento de investigar las muertes violentas de personas de la comunidad. Soñamos con un país donde la educación sexual haga que más y más personas cultiven valores como el respeto a la dignidad y derechos de las personas, y que esto les conceda mayor información y capacidad de decidir sobre su propio destino.

Cada una de estas metas es, al mismo tiempo, fácil de visualizar y difícil de llevar a la práctica. Una injusticia tan patente como que las personas trans tengan un documento que no refleja quiénes son y cómo interactúan con la sociedad hacen que enfrenten discriminación en cada uno de los espacios por los que rutinariamente navegamos. Piensen en la cantidad de veces que se identifican con un DPI durante una semana normal: en el banco, en una garita, al hacer un pago en un comercio. Es algo muy simple y, si me preguntan, una injusticia que podemos reconocer incluso si diferimos en posturas y creencias de todo tipo.

Muchas personas todavía no comparten esta visión. No obstante, hacer ese dibujo de sociedad que queremos ver construido algún día es útil porque nos permite aprovechar tiempos oportunos para esas demandas. Esta es la razón por la que en ocasiones cuando sucesos actuales mueven a la indignación y protesta ciudadanas –como ocurrió en noviembre pasado–, las demandas no se limitan a lo inmediato, como era el caso del presupuesto. Las manifestaciones fueron un espacio fértil para recordar deudas históricas y sistémicas de este territorio que llamamos país. Los movimientos que las articulan tienen claridad sobre esas demandas, y adaptándose al momento impredecible, lograron activar conversaciones sociales postergadas, de esas que siempre quedan para “el otro año”.

En este tejido social existen identidades como los pueblos indígenas, las mujeres, las juventudes y también, nosotras las personas LGBTIQ. Escuchar nuestras demandas es el ejercicio democrático inicial para pensar en el futuro. Asegurar que se escuchen como piezas tan relevantes para la persecución del bien común y la justicia.

En eso, las luchas de nuestros distintos movimientos comparten algunos elementos sin los cuales sería imposible avanzar: contar con un sistema de justicia con mayor cobertura y que responda a las necesidades de todas las personas, con una cultura pública que denuncia y combate la corrupción, con elecciones con mecanismos efectivos para contrarrestar la cooptación. Con servicios de salud y educación amplios.

Por eso, no comparto esa idea de que nuestras luchas son minoritarias. Yo también soy parte de esas demandas que se perciben como “generales” o de “interés común”, y trabajo para que nos sintamos libres de ser al vivir aquí. Mi deseo es que estas metas para el país, para 2021 y el futuro, dejen de ser solo mías o de las compañeras con las que compartimos espacios en la arena pública, y se conviertan en una agenda común de país.

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