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Opiniones de hoy

Agridulce

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“Hace inteligentes a los tontos y elocuentes a los inexpresivos”.

A pesar de las maravillas y alcances de la tecnología, sin duda un patrimonio fascinante, la revolución digital ha causado también impactos amargos en la vida social de nuestros países. Los famosos ‘netcenters’ que tanto daño han generado, por ejemplo, viven del invento y de la ficción mal habida con fines espurios. O aquello de jugar “un dos tres chiviri cuarta” o “tenta” en la cuadra, es ya una añoranza. A cambio, las pantallas se han convertido en niñera y camarada de muchos niños y niñas. Ahora hasta en maestra (solo para algunos, dada la desigualdad). Los afortunados, que cuentan con equipo y acceso a red, ahí se encuentran y socializan por medio de la imagen. Lo que sí es que el sentido del gusto, del tacto y del olfato van quedando rezagados de semejante “modernidad”.

A esta se le llama la era de los “videoniños”, pero también la era de la exclusión, porque la lamentable brecha es abismal. Cuántos niños y jóvenes están fuera de todo proceso educativo y seguirán fuera, víctimas de un impacto sin precedentes. Sin alternativas. ¡Cuánto silencio al respecto! ¡Cuánta ausencia de Estado!

Por otro lado, la pantalla suplanta las palabras por imágenes. Empuja a la gente a vivir las subculturas de la virtualidad y del consumo. Ojo, que la publicidad moldea nuestro estilo de vida, ¿bajo los intereses de quiénes? 

Pero también en la vida política, hoy se habla de la “videopolítica”. Ahí se sustituye la verdad por la apariencia y la tesis por los eslóganes que tanto nos abruman. La comunicación de los líderes con las masas se hace desde los sets de televisión. Ahí se hace inteligentes a los tontos y elocuentes a los inexpresivos. A los olvidadizos les otorga una memoria prodigiosa. Todo por el “teleprónter” (pequeñitas pantallas que leen sin que el auditorio lo perciba). El elefante moderno de la política. De alguna manera con este invisible aparato, se vulnera el derecho de los pueblos a conocer las verdades y capacidades reales de sus líderes. Dicen lo que otros les escriben, ¡retórica espumante! Aquello de los dirigentes espontáneos improvisando discursos al aire libre, es también ya una añoranza. Porque la política ha caído en manos de los magos de la imagen y los gurús del márquetin estatal. 

¿Cuánto tiempo y recursos invierte este gobierno en su canal de televisión? También es significativo el despliegue de publicidad política que circula. Si parte de esos millones se destinaran a producciones como el cine, por ejemplo, ¡qué ganancia tendríamos!

Si usted es dirigente, concédale a su país franqueza, honestidad y no más publicidad, que finalmente resulta en apariencia. Y espero que haya regalado a un niño un maravilloso libro y aire libre. Una dulce dosis de “escondite”. 

P.D.: Y que viva la tecnología, pero jamás para discriminar ni sustituir a la verdad. Menos aún a la humanidad.

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