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Rompan todo

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Lado B.

En 1991 se llevó a cabo una curiosa sesión entre Sandro, Charly García y Pedro Aznar para grabar, a manera de homenaje, uno de esos himnos que les había roto la cabeza: ‘Break It All’ (‘Rompan todo’) de Los Shakers, una banda uruguaya que a mediados de los años sesenta les mostró a los argentinos a qué podía parecerse el rock and roll. Es el nombre de esta canción emblemática el que Nicolás Entel, Picky Talarico y Gustavo Santaolalla retoman para titular el documental en seis capítulos sobre la historia del rock en Latinoamérica, que se estrenó hace unas semanas en ‘Netflix’.

Ironías del asunto, la mítica agrupación liderada por los hermanos Hugo y Osvaldo Fatorusso apenas se menciona en el documental de marras, esto a pesar de haber concebido el primer disco conceptual en la historia del rock en América Latina, el increíble ‘La conferencia secreta del Toto’s bar’ de 1968.

A pesar de las buenas intenciones de sus realizadores, de lo impecable de su factura y de la exhaustiva búsqueda de documentación visual y sonora, en ‘Rompan todo’ brillan demasiado las ausencias. A principios de los años ochenta, Charly García cantaba “si ellos son las olas, yo soy el mar”, algo que Santaolalla, recién convertido a la new wave, tomó como un insulto personal. Pero esta frase podría definir al documental de ‘Netflix’. Es decir, se habla demasiado de las olas y se olvida demasiado al mar. 

Ejemplos: Charly García es el único genio que ha producido el rock por estas orillas, su escasa presencia se vuelve sospechosa. Brasil más que una ausencia, es un vacío intolerable. El país que produjo una de las mejores músicas del siglo pasado no amerita ni siquiera una mención. La enorme influencia que la bossa nova y el tropicalismo, con Os Mutantes, Gilberto Gil o Caetano Veloso, tuvo en la manera de acercarse al rock, no solo acá, sino en todas partes, ha sido borrada de la historia, como se borraron escandalosamente las aportaciones de la música cubana o las del mismo Carlos Santana.

El documental se centra en los dos grandes polos neurálgicos del rock en América Latina: México y Argentina. De acuerdo, no podemos discutirlo. Pero, más aún, dentro de esta lógica, las omisiones son inexplicables, casi mezquinas: la mayoría de las imágenes del rock setentero argentino son tomadas del filme de Aníbal Uset ‘Hasta que se ponga el sol’ sobre el festival BArock, pero no se habla ni de la celebración ni de la cinta. De México desaparecen casi por decreto Jaime López o los grupos Size, Casino Shanghai, Ritmo Peligroso o Rebel’d Punk, auténticos pioneros de todo lo que vino en los infravalorados años noventa. Aún así, Caifanes se reduce a ‘La negra Tomasa’ y Jaguares no existe (¡!).

El futuro del rock será mujer, se dice en el último capítulo. Qué bueno. Pero se olvida que el pasado también lo fue: la primera en grabar una canción de rock en “tu idioma”, fue la mexicana Gloria Ríos en 1956. También fue protagonista de las tres primeras películas sobre el asunto. Nada sobre ella. Digamos que es como borrar a Ma Rainey de la historia del blues.    

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