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Opiniones de hoy

Quitarse el sombrero y saludar

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Una de las costumbres de cortesía que aún se mantiene en algunos lugares de Guatemala, especialmente en ciudades pequeñas o pueblos, es la de saludarse en las calles entre conocidos o no, con una alocución de buenos días o buenas tardes… mucho gusto de verle, según corresponda la hora del día o de la tarde.

Para los chapines era común ser amables y corteses, más antes que ahora, resabios de lugar pequeño y de personas que se reconocen entre sí, tan ajena a las costumbres de ciudades inmensas y bulliciosas, como la angla y europea, indiferentes y frías.

Un gringo, comentaba, no hace mucho en La Antigua, que se sentía “extraño” y hasta incómodo cuando salía a la calle a pasear a su perro, porque el pueblo entero lo saludaba a él y a su mascota. Cuando alguien pasa a mi lado, me saluda, dándome los  buenos días, las buenas tardes o buenas noches, preguntándole a mi perro también cómo amaneció o saludándole con su nombre. Qué bonito es este lugar, me decía, en un español charrasqueado y con un dejo de burla, que todo el día nos pasamos saludando.

Según mi opinión, este formato de cortesía chapina pudo originarse durante los años de conquista y colonia española, cuando además de la cruz y el idioma, se implantó la nueva forma de dominación. 

En la nueva dinámica social entre el nuevo poder de señores empoderados, versus indígenas convertidos de la noche a la mañana en vasallos y esclavos, surgió, entre otros, el ritual cortesano y sumiso en el cual, los de dominados debían de mostrar sumisión y obediencia al nuevo amo, o sea a cualquier español o clérigo, inclusive en detalles pequeños y tan simples como el detenerse y ceder el paso, quitarse el sombrero y saludar con la vista puesta en el suelo, al igual que abstenerse de replicar, explicar o contrariar  como si se tratara de reyes o príncipes.

Aún ahora, en pleno siglo XXI, podemos observar, en las fincas familiares o plantaciones heredadas, este tipo de dinámicas, cuando, por ejemplo, coinciden el patrón y el mozo, léase, en terminología más contemporánea, el “empleador” y el “colaborador”, cómo de inmediato, el trabajador, se descubre la cabeza y baja la vista en señal de “respeto” por el hecho de mantener una relación contractual. 

Luego se sucede el saludo, resabio de días pasados, sin duda más crueles y desventurados para los nativos y su descendencia, cuando la servidumbre y el rango social inferior llegaban más allá de la esclavitud y sumisión. 

 

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