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Opiniones de hoy

¿Quién ganó en Estados Unidos? La polarización

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Las elecciones de la semana pasada confirmaron que Estados Unidos es una democracia normal en estos tiempos. Es decir, un país políticamente desgarrado.

La profunda ruptura política es el rasgo que caracteriza a la mayoría de las democracias del mundo hoy en día. Las divisiones son tan profundas que muchos de sus ciudadanos hasta llegan a definir su identidad política en contraste con la que define “a la otra parte”. No toleran a quienes tienen visiones diferentes sobre el país, sus problemas, causas y soluciones. Con frecuencia, ni siquiera aceptan al adversario como un actor político legítimo. Naturalmente, mientras más polarizado está un país, más difícil es gobernarlo y tomar decisiones que requieren de un mínimo de unidad nacional.

Con frecuencia se busca la cura de la polarización en las elecciones. La esperanza es que los votantes le den a una de las partes el apoyo necesario para que gobierne. Lamentablemente, esta cura está funcionando cada vez menos. En vez de atenuar la polarización, las elecciones la certifican y le ponen números al tamaño de la grieta política que parte a la sociedad. Las democracias polarizadas tienen dificultades para formar gobiernos, para mantenerse en el poder o para tomar decisiones necesarias pero controvertidas. Esta realidad política se ha globalizado. Hemos visto sus nefastas consecuencias en España, Italia, Reino Unido, Grecia, Israel, Polonia, Brasil, Perú, Chile, Indonesia, Malasia, Tailandia, Sudáfrica, Nigeria y Túnez por solo mencionar algunos ejemplos.

En todos estos países la sociedad parece sufrir de una enfermedad política autoinmune –una parte de su ser está en guerra contra el resto del cuerpo social–. Esto no quiere decir que la polarización antes no existía. Pero ahora las situaciones de gran disfuncionalidad política que provoca se han vuelto la norma. Las elecciones de Estados Unidos son tan solo el más reciente y revelador ejemplo de esta debilitante enfermedad política.

¿A qué se debe esta tendencia a la fragmentación de las sociedades en pedazos que no se toleran? El aumento de la desigualdad económica, la precariedad económica y la sensación de injusticia social son, sin duda, algunas de las causas de la polarización política. La popularización de las redes sociales y la crisis del periodismo y los medios de comunicación tradicionales también contribuyen a alentarla. Las redes sociales como Twitter o Instagram solo permiten mensajes cortos. Tal brevedad privilegia el extremismo, ya que cuanto más corto sea el mensaje, más radical debe ser para que circule mucho. En las redes sociales no hay espacio, ni tiempo, ni paciencia para los grises, la ambivalencia, los matices o la posibilidad de que visiones encontradas encuentren puntos en común. Todo es o muy blanco o muy negro. Y, naturalmente, esto favorece a los sectarios y hace más difícil llegar a acuerdos.

Pero hay más. La polarización no solo resulta de los resentimientos causados por la desigualdad o la pugnacidad estimulada por las redes sociales. La antipolítica, el total repudio a la política y los políticos tradicionales es otra importante fuente de polarización. Los partidos políticos ahora deben enfrentar una plétora de nuevos competidores (“movimientos”, “colectivos”, “mareas”, “facciones”, ONG) cuya agenda se basa en el repudio al pasado y en tácticas que fomentan la intransigencia. Irónicamente, para retener seguidores y ser electoralmente competitivos, los partidos políticos tradicionales también deben adoptar posiciones moldeadas por la antipolítica. Además, muchos de estos nuevos contendores agrupan seguidores atraídos por la idea de pertenecer a organizaciones políticas en las que militan personas con quienes comparten una determinada identidad. Esta identidad puede ser de naturaleza religiosa, étnica, regional, lingüística, sexual, generacional, rural, urbana, etcétera. La suposición es que la identidad que une a los adherentes a un grupo político genera intereses y preferencias similares. Como la identidad suele ser más permanente y menos fluida que las posiciones políticas “normales”, a este tipo de agrupaciones políticas se le dificulta más el hacer concesiones en asuntos que conciernen la identidad de sus miembros. Esto naturalmente las hace más inflexibles y, como sabemos, la rigidez y la polarización suelen ir juntas.

Como sabemos, también hay organizaciones foráneas, frecuentemente patrocinadas por gobiernos, que se especializan en usar las redes sociales para fomentar y profundizar las brechas que ya existen en otros países y así crear nuevas divisiones y sembrar el caos.La polarización política no va a atenuarse muy pronto. Muchas de sus causas son potentes e indetenibles. Y ahora se ha globalizado. Joe Biden y Donald Trump son solo los más recientes ejemplos de la polarización que está debilitando a las democracias del mundo. ‘@moisesnaim’

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