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Opiniones de hoy

Guatemala “hippie”

opinion

Lado B.

Mi amigo, mi ‘brother’, David Barahona (R.I.P.), leyenda del teatro guatemalteco, se lamentaba conmigo no haber podido asistir al ‘Woodstockito’, el festival de música rock celebrado un primero de noviembre de 1970, hace  50 años, y del que les platicaba la semana pasada. Y no pudo porque justo en esa fecha se encontraba varado en algún lugar del lago de Atitlán, conviviendo en una comuna –la primera que existió en Guatemala– pletórica de paz, amor libre, buenas vibras y humo de hierbas exóticas. Había llegado ahí por accidente, cuando fue a conocer Panajachel en una excursión que se había organizado en su barrio. Días antes de aquel viaje, alguien le había contado que por ahí vivían los ‘hippies’ y él, que había empezado a dejarse crecer el pelo y que desde niño ostentaba un estilo de vestir medio desarrapado, quería conocerlos. 

Ya estando en ‘Pana’ y luego de bañarse jubiloso en el lago, se perdió en chanclas y calzoneta por las calles del pueblo y preguntando logró llegar a la insólita comuna ‘hippie’. A los residentes les debe de haber parecido simpático aquel muchacho platicador, inteligente, curioso y lo invitaron a comer y entre charla y charla se les fue yendo el tiempo. Cuando regresó a la playa pública, la camioneta se había marchado con su mochila y sus compañeros adentro. Durante algunas semanas vivió la utopía y para cubrirse del frío, sus nuevos amigos le regalaron una túnica blanca, que le daba el aspecto de un gurú tropical y extravagante, demasiado terrenal como para tomarlo en serio. Le prestaron dinero para volver a la ciudad a conseguir ropa y algunas otras cosas. Al llegar se enteró que la misma tarde de su viaje, la Policía había apresado a los ‘hippies’, por marihuanos, antisociales y por bañarse desnudos en el lago. Él se salvó por un pelo.

De lo que no se salvó fue de la redada y la carceleada, días después del ‘Woodstockito’. Estaba en una esquina de la zona 1, esperando a una amiga que platicaba con alguien. Lucía un raído pantalón de lona y una camiseta con la leyenda “Guatemala es un zoológico”. Se refugió en una tienda, cuando vio pasar un “pájaro azul”, aquella camioneta similar a los vagones de la muerte, que se detuvo una cuadra después. Cuando salió para ver qué ocurría, vio a varios policías arrestando a su compañera con lujo de fuerza. No pudo contenerse y corrió hacia ellos para defenderla. Pateó con rabia a uno de los agentes. Cuando llegaron al Segundo Cuerpo, lo enviaron directo a la sala de tortura. Lo golpearon tanto que no pudo sostenerse en pie durante los días que pasó en la cárcel. Muchos años después, hice que me acompañara a un concierto veraniego que juntaba a Bob Dylan, a Santana y a Van Morrison. En medio de la algarabía, lo vi soltar dos o tres lágrimas.  

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