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Opiniones de hoy

El proyecto

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“Apostarle a la cultura de paz”.

Hay proyectos que jamás deberían dejarse en el parqueo. Porque son torales. Proyectos que no terminan de construirse porque hay quienes los empolvan sistemáticamente, quizá porque son fundamentales para convivir dignamente y buscar soluciones conjuntas a los problemas tan serios que enfrentamos. 

La interculturalidad como un proyecto transformador debería rebasar la idea de tolerancia y el sentimiento individualista de aceptación del “otro”. Debería ser vista e interpretada como escenario político, social y económico capaz de romper con la “dicotomía” indígena-no indígena, para incursionar en una esfera de redefiniciones y transformaciones estructurales de Estado. Ahí en donde la equidad y la participación igualitaria fueran base de renovadas visiones. 

Durante las últimas décadas, las reivindicaciones de los pueblos indígenas también pasaron de su carácter de denuncia a ser plasmadas en interminables folios de acuerdos nacionales e internacionales, en leyes y hasta en la misma Constitución, esperando que llegue su momento de implementación (¿sentados?). Hasta la fecha, pocos países cuentan con programas claros de trabajo en dirección a la construcción de Estados reformados ya que los blindajes sociales, económicos y políticos presentes, continúan ejerciendo su influencia a favor del mantenimiento de la hegemonía del poder. El caso reciente de Bolivia es uno de los pocos ejemplos de voluntad popular a favor de la verdadera democracia intercultural. Ahí donde las reivindicaciones de los pueblos a través de un proyecto plural han sido validadas. 

Acá, las acciones a favor de la presencia de la multiculturalidad en el Estado tristemente se resumen al ámbito culturalista, donde resulta más fácil responder, dejando rezagadas todas aquellas demandas vinculadas a temas económicos y sociales (acciones compensatorias, temas vinculados a tenencia de tierras, etc…). Dicha implementación de acuerdos internacionales y nacionales se ha hecho cuesta arriba, a pesar del paulatino fortalecimiento de los grupos “minorizados”, que se empoderan cada vez con mayor organización a favor de la reivindicación de sus derechos. (Aló Siglo 21).

Para el Estado guatemalteco, basta con hacer uso de la diversidad cultural como imagen promotora de turismo, con festejos culturalistas y folcloristas que para nada van en la línea del fortalecimiento de las relaciones interétnicas como proyecto transformador. Esta situación se percibe claramente en el sistema educativo, que no ha sido capaz de plantear programas serios de formación ciudadana intercultural. Estamos muy lejos de un Estado que enseñe a comprender la verdadera equidad. 

Boaventura de Sousa Santos: tenemos derecho a la igualdad cuando las diferencias nos discriminan. Tenemos derecho a la diferencia cuando la igualdad nos invisibiliza. ¿Lo iremos a implementar algún día? ¿Apostar por una cultura de paz?

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