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Opiniones de hoy

El dilema social y la tecnología

opinion

Es evidente que la búsqueda de acuerdos se torna un arte cada vez más complejo.

El mundo cambió más los últimos quince años, que los cien anteriores: nos guste o no. Guatemala también ha cambiado, a pesar de la enorme resistencia al cambio que caracteriza a la sociedad en su conjunto. Ingresamos ya al mundo futuro, a pesar que amplias regiones del mundo vivan todavía en el pasado. La interconexión global hace que los lejanos físicamente, estén cerca virtualmente, y los que conviven en el mismo lugar geográficamente, puedan estar abismalmente separados. La amplitud y diversidad de información disponible hacen que sea más difícil tener un punto de partida común en la búsqueda de acuerdos. Lograr acuerdos fue la finalidad del diálogo político, en el ayer, destruir al contrincante parece, hoy, la consigna.

La velocidad exponencial del cambio tecnológico, de la capacidad de almacenamiento y análisis de la información, del uso de la inteligencia artificial para sugerir acciones concretas a partir de dicha información, han permitido un cambio radical en la capacidad de influencia de las personas y de los grupos sociales. El dilema social es determinar si este acceso a información impulsada por algoritmos y grupos de interés, vía las redes sociales virtuales, es herramienta de superación o tan sólo de manipulación personal. Es evidente que se requiere implementar, algún tipo de regulación, para garantizar que lo que nos impulsan desde las aplicaciones en la red, se oriente mas hacia ampliar capacidades y no solamente hacia manipular percepciones y explotar debilidades. El peligro es crear percepciones antagónicas basadas en percepciones y no realidades. Este es un debate que tan solo empieza y esta en el centro de las elecciones en Estados Unidos y en la región.

En los países en desarrollo, como el nuestro, los recursos tecnológicos pueden permitir alcanzar transformaciones radicales en la producción, distribución y acceso a servicios públicos. Pueden cambiar en años, los problemas vigentes por siglos. Para lograrlo se necesitan de implementar reformas institucionales profundas, siempre adversadas por los que tienen cooptado el sistema, y distribuir el costo de las mismas entre quienes más tienen, que siempre tienen razones para resistirse a contribuir. El cambio es posible, con acciones técnicas, pero sin cambiar los enfoques del ayer, es imposible implementar las oportunidades del futuro. En esta época de cambios acelerados, las reformas institucionales y políticas en el país, están estancadas o en franco retroceso. Es evidente que la búsqueda de acuerdos se tornan un arte cada vez más complejo. Sin cambios profundos, las brechas sociales seguirán ampliándose, aquí y en toda la región. Hoy existe la capacidad tecnológica para proveer alimentación, salud y educación a todos los habitantes del planeta tierra. Se tiene, sin embargo, que cambiar instituciones y afectar intereses, y dejar por lado los prejuicios ideológicos, especialmente los que han demostrado su incapacidad de lograr tan siquiera mantener la producción histórica, como el caso de Venezuela, por citar lo más obvio. 

El avance de la tecnología puede ser usado para transformar en positivo, como nunca hubiésemos imaginado, al ser humano, logrando la cura de enfermedades, prolongando la vida, mejorando el bienestar material, liberando de actividades repetitivas a parte de la humanidad y proveyendo tiempo e información para la creatividad, la innovación y el desarrollo espiritual. También puede, en negativo, restringir la libertad de pensamiento propio, exacerbar los defectos individuales, inducir comportamientos agresivos e intolerantes y, sobre todo, puede capturar nuestra energía en una realidad virtual imaginaria que nos aleje de nuestra esencia y de la interrelación social que ha caracterizado a nuestras sociedades.  Se repite la historia de la revolución industrial. Es un tema de fondo, no de forma.

 

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