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Opiniones de hoy

Doña Clara Nimatuj Ajqui

opinion

En los últimos tiempos hemos cuidado y amado a mi abuela, como quien vela y protege a un delicado retoño.

A mi abuela siempre le gustó viajar. De pequeña me llevaba a un viaje anual a Esquipulas que yo aborrecía porque era demasiado largo, el bus me daba náusea y despertaba envuelta en el manto del calor de Chiquimula, solo para que ella me sirviera una taza de café caliente “para quitarme el calor”. Ella preparaba un exquisito quichóm de viaje que comíamos al llegar y volvíamos en un bus adornado de colores. También viajaba a romerías a Chajul y participó de todas las excursiones que pudo en compañía de sus familiares y amistades, quienes, con la excusa de visitar la Basílica de la Virgen de Guadalupe, regresaban de México con un bus lleno de productos para sus negocios.

Mi abuela fue una mujer independiente que cuando cumplió 50 años el regalo que se hizo fue comprarse un boleto en la empresa del padre Chemita para conocer “las europas”.  Me contó que tenía miedo, no por viajar sola, sino porque era la única mujer “natural” y no quería ser discriminada por los otros pasajeros. En 1992 viajó a Cuba bajo el “Período Especial” y regresó cocinando arroz cubano, pero declarando que el comunismo no era para ella. Y cuando cumplió 75 años anunció que quería volver a los países que había visitado 25 años atrás. 

Pero 25 años pesan y ya no podía viajar sola así que yo la acompañé. Nos fuimos a recorrer los lugares en los que había estado. Ella ansiaba regresar al Vaticano, ver la torre Eiffel, estar en Madrid y caminar en “Tierra Santa”. Yo quería ir al Louvre, al Prado y conocer el Mar Muerto, así que mientras la acompañaba por el peregrinaje de visitar tiendas y escoger regalos para su familia y amistades, ella luego disfrutaba conmigo los museos, mientras aprendía a usar la cámara para que pudiéramos tener fotos de ambas. Al volver hicimos un álbum de nuestro recorrido, que ella guarda a la par de su cama.

Ese viaje fue hace 10 años, el último que mi abuela hizo. Poco tiempo después enfermó y su salud se deterioró hasta dejarla con oxígeno permanente. La mujer que fue el bastión de la familia, con una ética de trabajo y valores inquebrantables pondría a Weber a reescribir o a repensar su famoso libro sobre la ética protestante desde una perspectiva k’iche’.  Mi abuela trabajó desde niña en el mercado, vendiendo chocolate, candelas, copal, hierbas y cientos de productos.  Ella continuó el comercio de sus abuelas y tías, y eventualmente con profundo dolor dejó su negocio, al que caminaba diariamente con su perro chihuahua metido en su canasta.

En los últimos tiempos hemos cuidado y amado a mi abuela, como quien vela y protege a un delicado retoño. A sus 85 años, ella sigue con nosotros, mucho más frágil, pero dándole cohesión y luz a nuestros caminos, mientras yo pido cada día, que la vida pudiera eternizarse. 

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