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Los procesos de negociación entre pueblos indígenas y Estado en un país corrupto y con altos niveles de inequidad como Guatemala siempre serán complicados.

Luego del actuar bochornoso, violento y racista en Comalapa, el equipo de Comunicación y asesores de Alejandro Giammattei intentaron mitigar el daño realizando una reunión entre el presidente y un autonombrado “Consejo Indígena Nacional”. Las imágenes muestran a hombres y mujeres sin dignidad, defendiendo al presidente y “asegurando” que él no es racista. Y aunque impactantes para algunos, las imágenes no sorprenden.

Las divisiones entre pueblos indígenas han existido desde antes del arribo de los españoles, prueba de eso, es que, el proceso de invasión contó con el apoyo, en diferentes momentos, de algunos pueblos. En las etapas históricas del país, sectores de pueblos indígenas han traicionado a sus comunidades. Durante el conflicto armado intereses personales, divergencias intracomunitarias e influencias religiosas, llevaron a algunas comunidades o grupos de familias, a integrarse fácilmente a la Patrullas de Autodefensa Civil y así perseguir a sus hermanos y hermanas, o a incorporarse al pentecostalismo para entregar a sus comunidades a los “Polos de Desarrollo” durante la falsa amnistía de Efraín Ríos Montt en 1982.

La “transición democrática” abrió el terreno para que algunos sectores de pueblos indígenas tuvieran campo de maniobra para perseguir intereses propios. Los partidos políticos fueron una de las vías fáciles para hacerlo, ya que, bajo el falso manto del multiculturalismo, integraron a hombres y mujeres indígenas para darle color y “etnicidad” a su campaña e impulsar carreras personales de algunos diputados indígenas corruptos. Los procesos de institucionalización del Estado fueron otra vía utilizada por algunos indígenas para hacer crecer su ego y su billetera. Por eso, instituciones como el Fondo de Desarrollo Indígena Guatemalteco (FODIGUA), la Comisión Presidencial contra la Discriminación y el Racismo (CODISRA) y hasta la Defensoría de la Mujer Indígena (DEMI) han quedado como entidades ineficaces, corruptas y clientelares por eso, no accionan. Uno de esos casos es el de María Trinidad Gutiérrez López, quien usa la identidad indígena solo cuando le conviene, excomisionada de CODISRA en el gobierno de Otto Pérez Molina y fue una servil a Roxana Baldetti. Ahora reaparece como presidenta del ficticio Consejo de Giammattei.

Los procesos de negociación entre pueblos indígenas y Estado en un país corrupto y con altos niveles de inequidad como Guatemala siempre serán complicados. Por eso, los hombres y mujeres indígenas que hoy están cerca del poder no son mediadores sino mercaderes y traficantes. Personas que, desde sus cargos políticos, institucionales, consejos, alcaldías o embajadas solo sirven para vender sus territorios y traicionar a sus comunidades a cambio de prebendas y un asiento vergonzoso de perro faldero del statu quo.

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