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Opiniones de hoy

Más peligrosa que la pandemia

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Opinión: Édgar Gutiérrez

Casi nadie saldrá ileso de la pandemia, pero la alteración brutal de las prioridades de gasto público va a amplificar los daños, provocando además enormes dispendios de los limitados recursos fiscales. Por ejemplo, a cada integrante leal de la coalición del “Pacto de Corruptos” en el Congreso le asignaron una tajada de Q20 millones en obras que pueden negociar libremente con los Consejos de Desarrollo y ciertos alcaldes.

Así, los diputados cobran una comisión por asignar el paquete de obras físicas. Ya verán los integrantes de los Concejos cómo las negocian entre sí, con los gobernadores y a quiénes las asignan. Igual los alcaldes y sus concejos municipales. En cada cascada de la negociación de las obras se cobran comisiones de dos dígitos, de manera que el gasto neto resulta encogiéndose en un 30 o un 40 por ciento.

Aunque las obras se sobrevaloran no hay garantía de calidad del gasto. Desde que se asigna el contrato las cartas están marcadas y no hay supervisión de la obra, ni calificación de la Contraloría sobre la pertinencia del gasto de acuerdo a los instrumentos que deben regir los programas gubernamentales, como la Política General de Gobierno, el Plan Nacional de Desarrollo 2032 y la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible.

La fuga de capital, es considerable. Aun así, en los últimos años los niveles de ejecución en general fueron escandalosamente bajos. Se pagaron las comisiones previas, pero no se realizaron los trabajos.

Por la emergencia de la pandemia, el presupuesto público se incrementó hasta en tres puntos del PIB, pero la ejecución del gobierno central sigue siendo desalentadora. El Mides, que tiene el manejo de los programas de asistencia de mayor volumen, sigue rezagado. Y la gente esperando.

El Minsalud, que debe proveer los insumos sanitarios, falla reiteradamente en las adquisiciones, y las diferencias irracionales de precios entre las unidades ejecutoras es otro asomo a las brechas de corrupción. El personal médico y paramédico trabaja en ambientes precarios y con equipo de protección inadecuados. Y si faltase un agravio, los profesionales y técnicos contratados hace más de tres meses para atender la población contagiada, siguen sin salario.

El crédito para vivienda no fluye porque el diseño del CHN y su normativa no han sido adaptados: los requisitos son inalcanzables para familias con ingresos mensuales entre Q25 mil y Q40 mil. Igual con las pequeñas empresas. Solo el MAGA está empeñado en un esfuerzo de cumplir y el Mintrab que va pian-pianito con el seguro de desempleo.

En cuatro meses de pandemia han sido relevados cuatro ministros del gabinete de gobierno. Los cambios han sido para bien, y debería de haber más. Pero la capacidad de los equipos de relevo se debilita cuando se les ata las manos, como ocurre en Salud. El nuevo mando del Ministerio y la Coprecovid sugirieron que Unops –exitosa en compras de medicamentos en el Igss- se hiciera cargo, pero el presidente Giammattei rechazó la iniciativa, y por eso continuará el sistema fallido.

En Gobernación, la Policía, que recibió golpes mortales de Degenhart al separar a más de 200 cuadros profesionales, sigue debilitándose, porque el poder del nuevo Ministro está fragmentado, o, dicho de otra manera, el Mingob está feudalizado.

En dos palabras, la corrupción es el cemento que hace bloque el “Pacto de corruptos” para capturar por completo el sistema de justicia y operar a sus anchas al menos otros tres años. Al cabo, la corrupción, indirectamente, cobrará más vidas que la propia pandemia.

 

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