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Opiniones de hoy

Nacer con piel blanca no te hace culpable

opinion

Privilegios heredados.

Nadie escoge nacer, y nadie escoge nacer bajo las circunstancias en que nace. Esto incluye las características físicas, biológicas, así como construcciones sociales que nos separan en diferentes categorías humanas y definen nuestra identidad.

Desde nuestro nacimiento, las personas nos desenvolvemos involuntariamente en un sistema socioeconómico y político que fue creado y diseñado por otros seres humanos. ¿Qué valores y qué ideas han fundamentado esos sistemas?

La meta-narrativa del sistema liberal se centra en la singularidad del individuo. Sin embargo, las construcciones sociales y la elaboración, propagación y consolidación de identidades diferenciadas alrededor de fenotipos o condiciones de clase, prevalecen aún en sociedades liberales actuales. Una explicación de la idea de clasificar a seres humanos para posicionar a ciertas personas por sobre otras, según ciertos tratos comunes, es su origen histórico y la relación de poder que se traduce en privilegios heredados por las elites, desde la conquista. El racismo se instala para mantener un sistema de dominación de poder de un grupo por sobre otros.

Para explicarlo de manera simple, los procesos de conquista y colonización europea se fundamentaron filosóficamente en el poder imperial porque su objetivo era la dominación y subyugación por el lado político y de alguna forma una recompensa divina a la Iglesia, por el lado religioso. Según Santos Herceg, (2011) la ‘filosofía de la conquista es un intento por fundamentar la legitimidad del dominio español sobre las Indias’. Sepúlveda, al justificar la conquista como la expansión del imperio, implica la idea (imperial) de «tener dominio sobre otras gentes», que aquí son, evidentemente, indígenas. En otros contextos serán personas de piel negra, mujeres, personas con rasgo asiáticos. Más aún, ciertas prácticas culturales, religiosas y de trato social son categorías que se unen a un sistema de dominación por exclusión. Si no te ves, actúas, hablas, te comportas o practicas las creencias de la clase dominante, eres un ser inferior.

El ethos implícito en los procesos barbáricos de expansión de imperios era la dominación del fuerte por sobre el débil. Hoy, se ha construido la narrativa de ciertas características que colocan a algunos como “más” y/o “mejores” que otros, solo por el hecho de haber nacido bajo ciertas circunstancias socialmente construidas o con ciertas características biológicas heredadas. Esto es una continuación de ese marco de pensamiento de poder y dominación. Los estados e instituciones coloniales se construyeron alrededor de esas ideas y en muchos casos aún se mantienen.

Hoy, si naces hombre, blanco, con ancestros europeos, heterosexual, cristiano, con ciertos apellidos, heredero de tierras y linaje socialmente construido, cuentas con privilegios por sobre el resto de la población. Los datos lo corroboran. En general, son individuos con esas características quienes ganan más dinero, quienes ocupan más puestos de toma de decisiones de poder, quienes más voz tienen en la conversación pública, quienes acaparan la toma de decisión en gremiales empresariales, sindicales o instituciones públicas, por citar algunos. Las 10 personas más ricas del planeta son hombres, blancos, heterosexuales, europeos o descendientes de europeos.

Nótese que no son ni mujeres, ni pobres, ni personas que hablan idiomas indígenas, de piel morena o negra o no descendientes de europeos-as quienes heredan privilegios en el continente. Nacer bajo esas circunstancias se convierte en desventaja competitiva en un sistema económico que asume la igualdad individual y, en teoría, premia según el mérito, el trabajo, el riesgo, el tiempo o la creatividad invertida en cualquier emprendimiento.

Así las cosas, nadie tiene la culpa de haber nacido con el color de piel o en el país donde nació. Para algunos el hecho de haber nacido se convierte en un premio y para otras en un obstáculo que requiere más esfuerzo superar. Una mujer que grita es vista como una histérica, un hombre que grita es un líder fuerte. Un menor de edad indígena que trabaja es porque necesita comer, un niño no indígena urbano que trabaja lo hace en perfumería durante vacaciones. El debate entonces no debe ir en torno a culpar a alguien por ser blanca, rubio, hombre o millonaria, como tampoco sentirse culpable de ello, cuando esas “virtudes” son heredadas y recompensadas por un sistema históricamente diseñado para premiar a personas con esas características.

Sin embargo, el haber nacido bajo esas circunstancias dentro esa estructura de privilegios inmerecidos por no ser producto del mérito personal obliga a asumir una responsabilidad. La responsabilidad que da el privilegio. Precisamente porque se nace en una posición de privilegio, ergo de relación de más poder por sobre el mismo sistema, existe una responsabilidad moral de desmantelar dicha estructura por injusta. Desde un punto de vista supremacista, es impensable, pues, ¿Quién va a desmantelar lo que le conviene?

Sin embargo, las opciones son pocas: O lo desmantela el poder dominante a través el pluralismo, o será un proceso doloroso donde quienes sufren por la exclusión y opresión continuarían rebelándose hasta alcanzar estadio humano más justo haciendo igualmente sufrir a quienes hoy cómodamente esconden la cabeza en su burbuja de privilegio.

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