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Opiniones de hoy

Lecciones primarias del coronavirus

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El COVID-19 impacta de tal manera en el mundo, que puede provocar cambios sustanciales en el quehacer económico, político, social y científico de la humanidad.

En los primeros días de diciembre de 2019 se conoció el primer brote de coronavirus en China –aún no se le había denominado COVID-19–.  La noticia alborotó internacionalmente, pero nadie podía imaginar en ese momento la cadena de contagio y muerte que estaba por desatarse, mucho menos el impacto que esta nueva enfermedad tendría en la humanidad, al extremo de golpear con fuerza en la economía mundial, provocando dos graves emergencias a enfrentar: a) la de salud y; b) la socioeconómica.

Al momento de escribir este ENFOQUE –ayer viernes a las 6:30 horas–, el registro oficial en el mundo, reporta 549 mil 604 personas contagiadas, con 24 mil 863 muertes.  Estados Unidos se ha convertido ya en el país con más casos registrados –85 mil 996– y la pandemia sigue avanzando, sin que haya más que algunos anuncios de ‘buenas noticias en avances para tener una vacuna o medicamento para tratar adecuadamente esta enfermedad pulmonar, que puede convertirse en algo grave, particularmente en personas ‘de alto riesgo’.

En Guatemala, al parecer, hemos tenido más éxito en la prevención de la crisis de salud –apenas 25 casos y un muerto–, que en la atención a la otra emergencia, la social, que mucho me temo puede estallar muy pronto. En todo caso, claramente estamos ante una pandemia que nos ha sorprendido a todos, que nos golpea –directa o indirectamente– también a todos y que está provocando situaciones que nunca imaginamos.

Solo con decir que en Estados Unidos, esa nación que Donald Trump se jacta de presentar una y otra vez como ‘la más poderosa del mundo’, se ha visto de rodillas ante el COVID-19, algo que ni siquiera la Segunda Guerra Mundial logró hacer.  Wall Street ha caído a niveles nunca vistos, su sistema de salud se ve superado por las emergencias y su productividad pende de un hilo por la paralización obligatoria de la sociedad.  

Lo impensable, está sucediendo. Veamos algunas lecciones que están a la vista, basadas en los hechos que todo el mundo conoce:

Su mejor prevención es el aislamiento social. Italia, España y ahora Estados Unidos, han comprobado en carne propia que implementar tarde la medida de aislamiento social –cuarentena o reclusión en los hogares y cerco territorial–, son la mejor manera de evitar que el virus avance de manera avasalladora.

No reconoce clase social: Ante el coronavirus no hay diferencias sociales. El príncipe Carlos de Inglaterra y algunos gobernantes han sido contagiados así como artistas o deportistas de elite. Con dinero o sin dinero, de alcurnia o cuna muy humilde, cualquiera puede ser alcanzado por la enfermedad.

Gobiernos deben aprender sobre la marcha: Esta pandemia es totalmente nueva y diferente. Si bien se ha aprendido científicamente mucho a la carrera, los gobiernos de cada país han tenido que ir aprendiendo sobre los pasos a seguir para enfrentarla. Las medidas extremas de aislamiento social han funcionado y los éxitos y fracasos de otras latitudes ayudan a cometer menos errores, como ha sucedido en casos como el nuestro, que nos llegó cuando ya Italia estaba atravesando por un auténtico desastre por falta de acción de las autoridades.

Las redes sociales no son confiables: La desinformación está a la orden del día.  Han sido sumamente útiles para mantener la comunicación social y familiar, pero circula demasiada basura. Está en las personas la obligación de verificar la autenticidad de lo que se recibe y no reenviarlo sin confirmación.

La ciencia se ha visto superada: ¿Quién podría decir que en pleno auge de la era de la ciencia y la tecnología, un virus como este causaría tal desastre? Pues ha sucedido.  Ahora, a marchas forzadas hay que encontrar la cura.

El ser humano sigue siendo muy vulnerable: Todos esos avances de la ciencia no cambian. El ser humano es vulnerable. La vida –de todos en el mundo–, pende siempre de un hilo. Esta pandemia no solo lo ha recordado, sino lo pone en evidencia.

Estilo de vida –consumismo– causa desajustes en el planeta: No es nuevo decir que el ser humano está provocando grandes cambios negativos para la Tierra, principalmente el cambio climático, con el calentamiento global. Ahora, científicos serios estudian la forma en que este ritmo de vida de la humanidad es el causante de las mutaciones de virus como el COVID-19. Si se sigue al ritmo que llevamos, pronto veremos más desastres.

Los más pobres siempre sufren más: Como corre con los desastres naturales, lo que se puede apreciar es que los más pobres no solo sufren por la enfermedad, sino luego pagan más caro las consecuencia económicas, con la pérdida de ingresos. En ese aspecto, las decisiones gubernamentales en Guatemala han sido más bien lentas y titubeantes. De hecho, el efecto ya se siente para muchos y las medidas de atención social aún tomará tiempo implementarlas.

Para bien o para mal, la vida después del coronavirus COVID-19 no será igual en ninguna parte del mundo. Si aprendemos positivamente, habrá oportunidades, si no lo hacemos bien, habrá más dolor y muerte.

 

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