[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Opiniones de hoy

¿Darwinismo social?

opinion

El acceso desigual a medicinas, tratamientos, servicios de salud, y otros cuidados es determinante.

Mi colega Roberto Blum, profesor de la UFM, cerró su columna del sábado 7, refiriéndose a la idea del economista G. Clark, de que la pandemia del siglo XIV “podó a los individuos genética y culturalmente inferiores, abriendo el campo a generaciones de hombres y mujeres capaces de construir un futuro mejor y más esperanzador”.

Su artículo despertó mi curiosidad sobre el texto de Clark. El economista dedica un capítulo a conjugar el pensamiento Malthusiano y Darwiniano en un contexto social y económico en el cual los seres humanos enfrentaron la llamada peste negra del siglo XIV.

El metamensaje implícito tanto el ensayo de Clark como la columna de Blum, es que, si existe una selección natural, las pandemias serían una forma de filtrar a los más aptos para sobrevivir versus los más débiles. Es decir, la evolución de la especie y la sobrevivencia del más fuerte.

El peligro de esa metanarrativa, hoy en día, cae por su peso. Primero, porque dicho argumento se sostiene bajo la presunción de que quienes sobreviven una peste son únicamente quienes cuentan atributos genéticos y biológicos que les permiten sobrellevar el reto de salud, por sobre el resto, lo cual no es necesariamente cierto. Segundo, porque no toma en cuenta que los seres humanos hemos aprendido a dominar enfermedades protegiendo por igual aún a las personas más vulnerables por sobre las menos. Y tercero, porque también hemos aprendido que la vulnerabilidad de una persona no está únicamente determinada por sus genes sino por una serie de factores externos y contextos socioeconómicos, algunos involuntariamente heredados que no implican, consecuentemente, que quien los posea sea genéticamente “superior”. Esos factores desde una perspectiva social no son nada más que privilegios heredados. El contexto en el cual esos privilegios han sido distribuidos sí importa, pues están alejados de ser la consecuencia de un proceso de discriminación entre humanos por atributos genéticos.

Así las cosas, usando datos de la última epidemia SARS, observamos que más del 50 por ciento de las muertes reportadas fueron de personas mayores de 65 años. Que alguien tenga esa edad no implica que su condición en la sociedad sea “parasitaria”. Las capacidades intelectuales y físicas hoy por hoy permiten a personas mayores de 65 años ser tan o más productivas que un joven de 20. Los datos también presentan la existencia de una correlación negativa entre los ingresos de las personas y las tasas de mortalidad en menores de 65 años. A mayores ingresos menor morbilidad. Las personas con más ingresos tuvieron menos chances de morir por la epidemia. El acceso desigual a medicinas, tratamientos, servicios de salud, y otros cuidados es determinante.

La esperanza de vida para las personas mayores de 50 años, más ricas en EE. UU. es de 88 años de edad, mientras que las más pobres en promedio vivirán solo hasta los 76 años de edad. Los más ricos sobreviven, los más pobres mueren antes. Esto sugiere que en un marco de libertad individual y bajo el supuesto de que todas las personas enfrentamos iguales vicisitudes, el hecho de que algunas tengan más ingresos que otras, hace que esa idea de “selección natural” se matice. El argumento allí será que quienes tienen más acceso a recursos o ingresos son quienes más se han esforzado, más han trabajado, ergo son individuos más fuertes y capaces que los que el sistema debe “podar”, por ineficientes.

La evidencia en Guatemala revela sorpresas para este argumento: De cien hombres que nacen en un hogar donde el padre es analfabeto, ni siquiera uno va a terminar la educación superior. Solo cuatro terminan la secundaria y 60 se mantendrán analfabetas reproduciendo el ciclo. Pero 95 de cada cien hombres que nacen en un hogar con padre con educación superior, contarán con título de secundaria o universitaria. Su acceso a educación depende más bien de la “suerte o mala suerte” de haber nacido en cierto contexto, no de sus atributos genéticos.

La forma en que las personas se han educado u ocupado puestos directivos no viene de un contexto de igualdad de condiciones para competir y alcanzar esas cualidades. Resulta que la población más educada la obtuvo por estructuras políticas, sociales y culturales que han facilitado esos privilegios a algunos sobre el tiempo. No fue su lucha, talento, capacidad y competencia individual como la evolución de las especies supone. El análisis individualista lo asume así, pero un análisis crítico toma en cuenta el entorno y otras circunstancias exógenas, incluyendo las históricas.

Es importante entonces, reflexionar sobre un sistema que permite a unos vivir más que a otros, vivir mejor que otros o sobrevivir ante pandemias a unos por sobre otros, no por mérito propio ni por selección natural sino por un sistema que privilegia a unos por sobre otros. La verdadera lucha por la sobrevivencia y prevalencia del más fuerte por sobre el débil se observaría si todas las personas nacieran en una suerte de tabula rasa y a partir de allí compitieran en igualdad. Eso no se da.

Si fuese la fuerza, la resiliencia ante los retos externos, las horas e intensidad de esfuerzo físico y/o a la capacidad de sobrevivir en entornos de opresión, discriminación, esclavitud y/o dominación, es casi seguro, que quienes hoy dominaran las decisiones políticas, económicas sociales en la mayoría de los contextos, no serían quienes actualmente las dominan.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia Evelin Vásquez/elPeriódico
Marco Pappa enfrentará juicio por violencia contra la mujer
noticia AFP
Expulsados por los ciclones y atraídos por Biden, nueva ola de centroamericanos migra a EE.UU

Desde diciembre abundan en redes sociales convocatorias para la “Caravana 15 de enero 2021”, que tiene previsto salir de la hondureña San Pedro Sula e ir sumando en el camino a guatemaltecos, salvadoreños y mexicanos atraídos por el “sueño americano”.

noticia Evelin Vásquez/elPeriódico
Gobierno solicita Q1.5 millardos para la adquisición de vacunas contra el COVID-19


Más en esta sección

El talento de Mr. Ripley

otras-noticias

El estado del COVID-19 que encuentra el gobierno de Biden

otras-noticias

La pobreza es virus mortal

otras-noticias

Publicidad