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Opiniones de hoy

Una hidra que asfixia a la SAT

opinion

Jose Rubén Zamora

Las mafias son capaces de regenerarse incesantemente y mantener bajo asedio perenne las instituciones del Estado. Hoy buscan retener el control de la SAT. Incluso exmiembros del Directorio de la Superintendencia –entre ellos, Henry Almengor– que se cuentan entre los primeros directores de esta institución creada en 1998, están en la carrera por el cargo de Superintendente. Tras 18 años de vivir de la SAT, dejaron sus cargos de directores solo cuando se promulgó el Decreto 37-2016, que estableció nuevos procesos para elegir el Directorio.
 
Sin embargo, sobrevivieron la licenciada Adriana Estévez Clavería, directora desde 2007, y la licenciada Liliana Castillo Martínez, quien era la secretaria encargada de atender al mentado Directorio. Todo ha quedado “en familia” para, entre otras cosas, taparse con la misma colcha. Estévez Clavería y Castillo Martínez están entre quienes elegirán al nuevo Superintendente, y entre los aspirantes aparecen viejos amigos de andanzas.
En el gobierno de Alfonso Portillo, Marco Tulio Abadío fue nombrado superintendente de la SAT. Durante ese periodo, bajo la mirada permisiva y cómplice de dos miembros del Directorio, este funcionario de poca monta acosó a elPeriódico creando ajustes y revisiones inexistentes, desatando una campaña de descrédito y difamación por medio del monopolio de la televisión abierta y del oligopolio radial, bajo el dominio, ambos, del mexicano Ángel González. No se quedó allí. Envió, junto a Alfonso Portillo y a Carlos de León (entonces fiscal general), paramilitares, en su mayoría exintegrantes del “Archivo” del Estado Mayor Presidencial, a allanar mi residencia.
 
Estos exintegrantes del Directorio, que ahora pretenden manejar la institución, encubrieron y fueron cómplices del saqueo de la SAT que dirigió el corsario de Abadío. A la postre, este nefasto personaje fue condenado en los tribunales y pagó con desdén, como quien le quita un pelo al gato, Q24 millones. Tampoco se inmutó cuando le fueron embargados Q34 millones de una de sus cuentas monetarias. Esas cifras millonarias eran apenas sus vueltos de los saqueos descomunales.
 
Para esconder los viles asaltos de Abadío, el Directorio llegó al extremo de falsificar actas, responsabilidad que recayó sobre el exministro de Finanzas Eduardo Weymann, el doctor Rodrigo Montúfar y el doctor Henry Almengor.
 
En aquellos años los pupilos de Abadío lograron burlar las sindicaciones en su contra, gracias al poder que ejercían por estar al frente de la SAT. Más tarde, bajo su supervisión cómplice, Rudy Villeda fue acusado de autorizar anómalamente las tiendas libres de La Riviera, un caso de lavado de dinero que sigue sin resolverse, mientras las tiendas para blanquear en el aeropuerto La Aurora siguen clausuradas.
 
Durante estas dos décadas, bajo la égida de este Directorio “doctorado” en transas de altísima monta, la mayoría de veces la SAT no alcanzó las metas de recaudación, y con esa excusa los superintendentes han durado en el cargo apenas dos años, en promedio.
 
A Rudy Villeda lo sustituyó Miguel Gutiérrez, cuya gestión se caracterizó por su enfrentamiento con el ministro de Finanzas, Pavel Centeno y la ex vicepresidenta Roxana Baldetti. Despidió a más de 350 funcionarios corruptos, entre ellos, los sindicados en el caso “La Línea”, Omar Franco y Alfonso Castillo, a quienes después el propio Directorio se encargó de que fueran recontratados. Más tarde, el “experimentado” Directorio nombró superintendente a Carlos Muñoz, ni más ni menos, el padre de “El mecanismo” chapín, ya citado, “La Línea”, uno de los mayores escándalos de corrupción en la historia del contrabando en Guatemala y que causó la caída del gobierno de Otto Pérez Molina y Baldetti.
 
Todo esto fue avalado, consentido y tuvo lugar con la complicidad silenciosa, pero eficaz, de los hoy miembros y exmiembros del connotado Directorio de la SAT, dizque expertos en materia fiscal, pero que solo han mostrado destreza y habilidad para servir de fachada al fraude, la corrupción y la impunidad, pues incluso la carga fiscal progresivamente se les ha caído.
 
Otro ejemplo emblemático es la extorsión para la devolución del crédito fiscal a la que someten a los exportadores, quienes tienen como única opción el triste camino del estrangulamiento financiero de sus empresas generadoras de empleo y divisas, con la confiscación de facto de recursos que les pertenecen.
 
El Directorio alentó, además, una estructura gigante y sofisticada de defraudación aduanera. Los impuestos han ido a parar directamente a una estructura paralela (un verdadero CIACS, a los que perseguía la CICIG) beneficiaria del voluminoso contrabando. No solo eso, también se ha hecho de la vista gorda con el cobro de comisiones derivadas, además de la devolución de crédito fiscal, de resoluciones falsas y resoluciones judiciales amañadas. El experimentado Directorio únicamente podría aducir que aunque ha pasado bajo sus narices, jamás se han percatado dada su ingenuidad y falta de experiencia (vaya contradicción).
Ahora, varios integrantes de este CIACS, más conocido como el Directorio de la SAT, se presentan como los electores y candidatos ideales para dirigir la SAT. Al elegir al Superintendente, a nadie sorprendería que más tarde contraten a sus electores y competidores como asesores y consultores estrella. Corre y va de nuevo la pachanga para la “familia”.
 
Los miembros del Directorio han sido cómplices de los desmanes y corrupción a gran escala en la SAT, y son responsables de no alcanzar las metas de recaudación y de la caída de la carga fiscal. Desde la cocina de los recursos estatales han despojado de comida, salud, educación, infraestructura y otros servicios vitales a los guatemaltecos.
Los integrantes más antiguos de esta estructura arrolladora, con el contubernio de Adriana Estévez y Liliana Castillo, se proponen volver a tomar el total control de la SAT, y revigorizar el CIACS desde el cual han servido tan eficazmente al lado oscuro del universo chapín.

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