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Opiniones de hoy

Giammattei entre líneas

opinion

Buen discurso, salvo…

El discurso con el que Giammattei inauguró su mandato fue en general bastante bueno. Expresó las prioridades de su gestión con claridad, brevedad e intensidad. El tono y las gesticulaciones correspondían a una arenga de tarima, pero el contenido fue balanceado, excepto en el campo de la seguridad.

Llamó a un acuerdo nacional para superar la polarización que hereda, y se refirió a la indispensable reconstrucción de las instituciones. Dio el énfasis que ameritan los desafíos de reformar la educación, mitigar la desnutrición infantil y combatir la corrupción. Nadie puede estar en desacuerdo con esas iniciativas, que, por lo demás, han sido anotadas en todos los programas del periodo democrático; igual que proteger poblaciones vulnerables, atraer inversión y generar empleo para reducir la pobreza. Aunque los resultados siguen siendo desalentadores.

Debe aplaudirse el enfoque sobre prevención de la violencia y el trabajo social con la juventud en riesgo. Lo más controversial es su abordaje de la seguridad reactiva. Posicionar como “terroristas” a los mareros y respaldar las acciones (digámosles, excepcionales) que, en consecuencia, les corresponderían a las fuerzas de seguridad equivale a declarar la “guerra”, y, por la forma, fondo y contexto tiene implicaciones serias.

La sociedad, atemorizada por la violencia criminal descontrolada y sin castigo, es terreno fértil para aplicar políticas de aniquilación de los delincuentes (reales o presuntos). Cuando los gobernantes tocan ese nervio van a encontrar el eco extendido de la población. Las operaciones de “limpieza social” los hacen populares, aunque fracasen. Basta volver la mirada sobre los saldos acá de los operativos de la “red Vielman”, y de las políticas de “mano dura” y “mano súper dura” en El Salvador y Honduras.

El error ahora es procurar en una ley calificar las maras de “terroristas”. Provocan terror, pánico, rabia e impotencia, pero en la tradición jurídica internacional el terrorismo –materia gelatinosa– es en esencia la matanza indiscriminada de civiles no combatientes por motivos políticos, ideológicos, religiosos o raciales. Las extorsiones y otros delitos graves que cometen las maras encajan en el ámbito de las empresas criminales. Su partido, ideología, religión y raza es el dinero.

Las organizaciones calificadas como terroristas adquieren, al cabo, estatus político. Quiere decir que después de una guerra sangrienta y costosa, el Estado pacta reconociéndoles derechos. En los códigos penales hay distintas maneras de tratar la delincuencia: represión, condenas, colaboración eficaz, conmutas, rehabilitación etcétera. Pero no hay cesión de poder ni concesión de legitimidad a quienes delinquen. Por eso los Estados son reticentes de calificar de terroristas los poderosos carteles de narcotraficantes, a pesar de que acuden a métodos de terror e infiltran instancias políticas, religiosas y culturales.

Así, la adjetivación aborrecible de terrorista será un boomerang. ¿Una fachada para que las fuerzas de seguridad queden blindadas de potenciales ejecuciones sumarias? Seguimos apostando a alimentar cuervos.

Otro agravante es que el cheque en blanco se confía a mandos policiales improvisados y de muy dudosa conducta, que fueron promovidos por el gobierno anterior. Son antítesis de los mandos profesionales formados durante más de una década. Y para complicarlo más, tras la mampara de Giammattei y su lucha contra el terrorismo de las maras, están siendo colocados mandos de seguridad e inteligencia con hojas de vida impresentables. Así que la guerra antiterrorista contra las maras resultará en un “todos contra todos”: grupos oficiales abierta o solapadamente facciosos, versus los desplazados de la misma estirpe y, al mismo tiempo, entre ellos.

Imposible que con tan poco tiempo Giammattei abordase en su discurso todos los problemas. Pero hubo al menos dos elefantes invisibles el 14 a las 19 en el Teatro Nacional: qué hacer frente a la política antimigratoria de Trump y la pandemia del narcotráfico.

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