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Opiniones de hoy

Desde la ética periodística y la defensa de las víctimas: el caso de Martín Rodríguez Pellecer

opinion

La semana pasada la periodista Elizabeth Ugalde publicó una defensa de su amigo personal, dueño y representante legal de Nómada, Martín Rodríguez Pellecer, quien fue acusado por doce mujeres en dos reportajes que yo publiqué de forma independiente (pueden leerse aquí y aquípor haber cometido violencias de género que van desde el acoso hasta el abuso sexual. Este medio me contactó para darme derecho a réplica, y he decidido tomar esta columna como una respuesta a la señora Ugalde.

Con tremenda condescendencia, la señora Ugalde tacha a esta investigación periodística en donde Rodríguez Pellecer tuvo espacio amplio para contestar a las acusaciones (sus respuestas de más de dos cuartillas fueron incluídas en el reportaje) como un “linchamiento en redes sociales”. Es incomprensible que ella equipare un llamado público a rendir cuentas y a dejar de acosar mujeres con el ejercicio de la violencia física que son los linchamientos. Y más aún cuando Rodríguez Pellecer no ha sufrido consecuencia alguna por sus agresiones: no ha vendido sus acciones, no tiene empacho en mentirle a quienes aún quieren escucharlo diciendo que las denuncias son falsas y que son una supuesta “campaña en su contra” para “empañar su trabajo periodístico” y, en conclusión, no ha tenido mayor sanción a sus acciones que el cuestionamiento social. 

En su columna Ugalde pide para Rodríguez Pellecer “el beneficio” de la duda sin darse cuenta de que lo que pide se llama privilegio, el privilegio que un hombre blanco educado tiene para poner en duda el testimonio directo de doce mujeres y siete testimonios de apoyo que aparecen en los reportajes, muy detallados, gracias a un ejercicio muy doloroso para las víctimas. Ugalde supone que yo, al hacer el reportaje, tomé el lugar de jueza, pero se equivoca. Yo hice mi trabajo como periodista, que consistió en hablar con todas las partes, incluido el agresor, e ir a las fuentes de autoridad expertas en el tema para dar contexto, e informar a los y las lectoras del comportamiento predatorio y sistemático de Rodríguez Pellecer para que valoren si es ético que un periodista cometa esos abusos de poder. Ese juicio informado es, por definición, a posteriori, no a priori como Ugalde torpemente quiere hacer creer. 

Adicionalmente Ugalde abre su columna comparando las denuncias contra Rodríguez Pellecer con la “quema de brujas”, un símil que es  lamentable por dos razones: Primero, porque nadie, incluídas las víctimas, ha pedido que se le infrinja un daño físico y mucho menos que lo maten por las cosas que hizo. Al contrario: solo pedimos que haya un justo repudio social y sobre todo que deje de acosar y abusar mujeres. Y segundo, porque fueron hombres ilustrados y educados, los que quemaron en la hoguera al menos a 100.000 mujeres (la cifra es de la académica Anne L. Barstow) para someterlas a los nuevos roles patriarcales. Ese fue un aleccionamiento para todas las mujeres, una advertencia de que debíamos quedarnos calladas y aguantar, o morir. 

Calladas como estuvieron durante años las víctimas de Rodríguez Pellecer (en el caso de B., a quien Pellecer abusó sexualmente, nueve años de silencio). ¡Qué falta de respeto con todas las víctimas! Y es aún más ofensivo cuando en el 2020, en varios países de África y también en América Latina, aún queman mujeres vivas por ser acusadas de brujería. Nada más durante el primer semestre de 2017 fueron asesinadas 479 mujeres acusadas de brujería en Tanzania. Dice Silvia Federici:Las últimas estadísticas sobre África hablan de que más de 30.000 mujeres habrían sido mutiladas con machetes, torturadas y asesinadas desde los años setenta. La mayor parte de ellas quemadas vivas. Ha pasado en Sudáfrica, Mozambique Tanzania, Zambia, Nigeria, Zaire, Kenia, Uganda, Ghana”. Hasta ocurre en Colombia, en donde en 2012 quemaron viva a una mujer por acusarla de brujería. 

Importante que se sepa, además, que no fue en la Edad Media cuando ocurrieron las cacerías de brujas sino en la Edad Moderna del siglo XV al XVII, y que sus principales promotores fueron hombres fundadores del pensamiento ilustrado como Hobbes y Jean Bodin. Entonces, señora Ugalde, por favor no use un femigenocido (en palabras de Federici) como la cacería de brujas para defender a un agresor de las mujeres, quien hoy tiene poder heredado de los inquisidores. 

“Las mujeres no nos estamos vengando al contar nuestra historia. Nosotras no tenemos el poder judicial, lo siguen teniendo ellos. El escarnio público es de las pocas herramientas que hemos ido ganando porque la justicia ‘oficial’ es profundamente patriarcal.” dijo en Twitter la cantautora Rebeca Lane, y es cierto: nuestros sistemas de justicia fueron inventados por los hombres para defender a los hombres y es ingenuo creer que las leyes, la policía y las cortes son ajenas o indiferentes al patriarcado. Pero para Ugalde la opinión que se forme la ciudadanía no importa, pues el veredicto tiene que venir de una “de una comisión de expertas” (¿elegida por quién y bajo qué criterios? ¿por qué tendrían que confiar en ellas las víctimas? ¿pagadas por quién?¿Por qué no son válidas las conclusiones ya sacadas por mujeres expertas en violencia de género?) suponiendo que el criterio de estas elegidas es superior al de las víctimas que decidieron hablar, las periodistas que nos atrevímos a investigar, y al de la ciudadanía. 

El acoso y el abuso son violentos porque imponen la voluntad del agresor sobre la persona agredida y dejan a la otra persona sin agencia. Hablar y contar esas historias es una forma de recuperar esa agencia. Doce mujeres valientemente hablaron y, ¿qué dijeron? Que no quieren acudir al sistema penal. Que quieren que pare el abuso y el acoso y que haya una sanción social. Pero entonces llega la sociedad, en voz de Ugalde, a quitarles agencia de nuevo: lo que ustedes quieren no importa, importan nuestros estándares particulares de justicia y se tienen que someter a la revictimización porque hablar no es suficiente y nada lo será, a menos que se sometan a la voluntad pública.

Uno de los grandes obstáculos que enfrentan las víctimas de acoso y abuso sexual es que  son formas de violencia que no suelen dejar rastro observable y menos si el agresor tiene el privilegio de escuchar las conversaciones a puerta cerrada de las mujeres y feministas para sofisticar sus formas de agresión a la medida de nuestras estrategias. El segundo obstáculo es que, como el acoso y el abuso sexual son esencialmente abusos de poder, quienes los cometen tienen el poder y se aprovechan de la desigualdad que enfrentan sus víctimas. Es por estos obstáculos que se hace indispensable el periodismo, no solo porque uno de sus llamados es a hacer veeduría de los poderosos (así este haga parte de nuestro propio gremio) sino porque las periodistas feministas, al usar de forma ética y rigurosa las herramientas periodísticas, nos convertimos en una primera instancia de verificación para los testimonios de las víctimas de violencias de género que, la mayoría de las veces, buscan reparación  al contar su historia de forma pública. 

Y como periodista ¡claro que tomó partido! Porque la voz de doce mujeres que no tienen nada que ganar y sí mucho que perder vale más que el de un hombre interesado en mantener ese lugar de poder. Porque como periodista mi trabajo no es ser neutra, sino estar a favor de la defensa de los derechos humanos que incluyen el derecho a una vida libre de violencia para las mujeres y que por lo tanto implica la exigencia ética de estar al servicio de la ciudadanía y de las víctimas. El periodismo no está para defender acosadores y abusadores sexuales, eso es tan deshonroso como usar el periodismo para defender corruptos y ladrones.

Finalmente, quiero aprovechar para contestar públicamente al infame comunicado de Rodríguez Pellecer en respuesta a las acusaciones. Aunque el comunicado está redactado en perfecto lenguaje feminista, hay detalles que delatan las intenciones del agresor: Le pide perdón a las víctimas “por segunda vez”, aunque nunca hubo una primera. Les dice que “sus testimonios son válidos porque son suyos” pero los testimonios son CIERTOS, no son un punto de vista “a respetar”. Le dice sus víctimas, que llevan cargando el peso de este silencio durante años, que “no les guarda rencor” (¿gracias?) y luego les lanza una amenaza velada afirmando que sabe quiénes son. 

Le pide perdón a su familia por “tener que pasar por esto”, no por hacerlas pasar por esto, porque esta es la hora en que el descarado no ha reconocido sus acciones que son acoso deliberado y sistemático. Rodríguez Pellecer pretende verse magnánimo diciendo que está dispuesto a vender sus acciones pero somete esa venta a el veredicto de la misma “comisión” hipotética e inverosímil que propone Ugalde. Y si realmente le importara guardar el prestigio del trabajo periodístico de Nómada (realizado por un equipo de excelentes periodistas, no solo por él) habría vendido ya su 51% de acciones. O, ¿cómo puede la ciudadanía confiar en un medio cuyo dueño y representante legal, quien se lucra y toma las decisiones, es un mentiroso y abusador sexual que ha usado el prestigio de Nómada para acosar? 

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