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Opiniones de hoy

Árbenz, antes del derrumbe…

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‘“…Si perdemos la guerra contra el comunismo en el Asia, la caída de Europa es inevitable; ganémosla aquí y Europa probablemente evitará otra guerra y preservará su libertad…debemos ganar. No hay substituto para la victoria…” – Extracto de una carta interceptada al General Douglas MacArthur y leída en el Congreso de los EE. UU. el 5 de abril de 1951, que confirmaba que el líder militar mantenía, a espaldas de su propio gobierno, correspondencia clandestina con varias naciones europeas. El controversial militar, en contradicción con la política oficial de Truman de “contención prudente” de la expansión soviética y de enfoque hacia Europa, quería extender la guerra en el Asia, de Corea a China; aquello lo consideraba Truman una temeridad innecesaria, pues la Unión Soviética, aliada de China, ya había hecho una exitosa primera “prueba nuclear”, detonando una bomba atómica en Kazajistán, el 29 de agosto de 1949.

Como un general romano en territorio conquistado, Douglas MacArthur de facto asumió poderes dictatoriales en el Japón (donde lo apodaban “shogun” extranjero) y en otros territorios ocupados, tras la guerra del Pacífico que terminó con la Segunda Guerra Mundial. De esa manera y para encarar “la amenaza comunista”, utilizó a su cohorte de asesores, entre otras cosas, para redactar el proyecto de una nueva Constitución parlamentaria, democrática y no-militarista para el Japón; y también, para la ejecución de reformas agrarias capitalistas (“preventivas”) en varios territorios. Entre estos procesos sobresalen la profundización de la reforma agraria japonesa, que ya había empezado durante la “restauración Meiji” en el siglo XIX, pero que a partir del “shogunato” de MacArthur, afectó nuevamente a las 2/5 partes de la tierra cultivable, que pasó de los grandes terratenientes, a los que arrendaban la tierra para trabajarla directamente, en pequeña propiedad privada; y las de Corea del Sur y de Taiwán, en las que se repartieron tierras expropiadas a los derrotados nipones, en propiedad privada, también. En Taiwán, además, se expropiaron latifundios de grandes propietarios taiwaneses, a quienes se pagó con acciones de empresas comerciales e industriales expropiadas a los anteriores invasores del “imperio del Sol Naciente”. Las políticas de mercado libre y de fortalecimiento del Estado de Derecho que acompañaron a estas reformas agrarias, tendrían en los años siguientes un éxito extraordinario, pues estaban afincadas en una dotación patrimonial generalizada, que hizo de los antiguos campesinos desposeídos, pequeños propietarios consumidores. A pesar de que entonces Corea del Sur y Taiwán eran más pobres y más atrasados que Guatemala, ahí se originó el “milagro económico” de esos futuros “tigres” del sudeste asiático…

MacArthur, sin embargo, había excedido su autoridad en política exterior, ofendiendo al Presidente Truman. A diferencia de lo que hizo Arévalo con Arana y siguiendo los procesos legales del caso, Truman abiertamente defenestró al popular general el 11 de abril de 1951, a pesar del enorme “costo político” que el asunto implicó para él (su “índice de aprobación” cayó al 22 por ciento, el más bajo en las encuestas Gallup de ese tipo, en todo el siglo XX), orillándolo al final de su período, a retirarse de la vida pública. MacArthur, quien fue recibido como un héroe “consentido de las multitudes”, al volver a su tierra, empezó entonces a buscar, con el arrogante estilo que lo caracterizaba, ser el candidato del partido Republicano en las elecciones de 1952. Pero allí se enfrentaba, sin saberlo, a las maquinaciones de “la troika” de Sullivan & Cromwell, los hermanos Dulles y el senador Republicano por Massachusetts, Henry Cabot Lodge II. Este último, miembro de una de las más encumbradas familias de la aristocracia bostoniana (de ese lugar donde “los Lowell solo le hablan a los Cabot y los Cabot solo le hablan a Dios”), se encargó de persuadir al más llevadero y manejable General Dwight D. Eisenhower (“Ike”), de aceptar luchar por la nominación para la candidatura del partido Republicano, no fuera a ser que ésta cayera en manos del “agrarista” general MacArthur, en perjuicio de la UFCO. Tras lograr la aquiescencia de “Ike”, Cabot Lodge de inmediato se constituyó en el Jefe de su campaña política…

Sullivan & Cromwell (“S&C”) era un afamado bufete cuyos orígenes se remontaban a 1879 y era una entidad experta en desarrollar estrategias financieras y fiscales para “la crema y nata” del mundo corporativo norteamericano, que se beneficiaba ampliamente de sus conexiones políticas e internacionales. No existiendo en aquella época restricción legal al uso de cierta “información privilegiada” en la bolsa de valores, información oportuna acerca de posibles cambios de gobierno en territorios extranjeros que pudieran afectar el valor bursátil de acciones corporativas, por ejemplo, era “ticket directo” a jugosas ganancias legales. Entre los clientes tradicionales del bufete, estaba, por supuesto, la United Fruit Company (UFCO), una de las transnacionales más exitosas y líquidas, del mundo corporativo norteamericano de entonces.

No es de sorprender, por consiguiente, que la combinación de sagacidad, relaciones públicas y abundancia de recursos, contribuyera decisivamente a que Eisenhower quedara nominado como candidato Republicano, primero; y luego, que fuera abrumadoramente electo e inaugurado Presidente de los EE. UU., en enero de 1953. Posicionada “la troika” en el epicentro del poder, de inmediato lo puso a prueba: en agosto de ese mismo año (según información anteriormente secreta del “departamento de Estado” norteamericano, recientemente “desclasificada”) la CIA que dirigía Allen W. Dulles orquestó un golpe de Estado contra el popular y democráticamente electo Primer Ministro de Irán, Mohammad Mosaddegh, a favor de un cuestionado heredero de la monarquía persa, el Sha Reza Pahlavi. El pecado de Mosaddegh había sido que ante la negativa de la “Compañía Petrolera Anglo-Persa” de someterse a la auditoría gubernamental para determinar correctamente las regalías correspondientes y siguiendo todos los procedimientos constitucionales, el gobierno iraní “nacionalizó” la actividad petrolera en su territorio (algo similar a lo que había hecho Lázaro Cárdenas en el vecino México, en 1938).

El nuevo Secretario de Estado, John F. Dulles, hizo saber “la preocupación” de los EE. UU. por la creciente “influencia comunista” en Irán y pronto felicitaba al Shá por su “liderazgo” y oportuna acción “de rescate”. Es decir, la administración Eisenhower hizo saber al mundo su preferencia por soluciones “efectivas” (en este caso ¡monárquicas!) aunque no fueran democráticas… El asunto no le salió gratis a los ingleses, cabe anotar: el Shá de Irán hizo saber a “las siete hermanas” del petróleo internacional (cinco de ellas, norteamericanas, importantes clientes del famoso bufete) que además de la “British Petroleum”, estaban todas ellas bienvenidas para explotar conjuntamente los ricos yacimientos petroleros de “su reino”.

Un par de meses después, “la troika” de S&C estaba lista para su siguiente hazaña: importado de Grecia, donde se hizo fama de “saber cómo lidiar con los comunistas”, los hermanos Dulles enviaron como Embajador de los EE. UU. para Guatemala al “dandy” y pistolero John Emil Peurifoy, quien con sus “tacuchitos” blancos y otra vestimenta chusca, dio origen, entre otras cosas, al término chapín de “emperifollarse”, cuando uno se prepara para lucir “catrín”… La llegada de Peurifoy a Guatemala estuvo precedida de largos preparativos en S&C para la región que se remontaban al “Bogotazo”, en 1949. Cuando “Ike” asumió la Presidencia de EE. UU., el caso de Guatemala ya estaba bastante “cocinado” y el rudo excompetidor, fundador de la “Cuyamel Fruit Company” de Honduras, Sam “Bananas” Zemurray, había sido removido de la Presidencia de la compañía y las campañas de prensa a cargo de Edward Bernays sobre la “penetración soviética” en Guatemala, estaban en pleno apogeo. Cuando Peurifoy presentó sus credenciales a Árbenz, en noviembre de 1953, de entrada, ambos personajes “se cayeron mal”…

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