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Opiniones de hoy

Ninis y desocupados ociosos

opinion

El problema nacional es la desocupación.

 

Admitir la superpoblación nacional es cosa de sentido común, y si el censo indica que en la ciudad de Guatemala hay menos habitantes en el 2018 que en el 2002, es de asumir algún error, quizá en la medición anterior o en la actual, porque lo que es el incremento de la densidad humana se siente en las calles, en los centros comerciales, en la ausencia de tierra baldía, en el tráfico; lo que no afecta únicamente a la urbe, sino se padece en todos los centros urbanos del país. Basta conducir por Xela, Cobán o Chiquimula para sentir el fenómeno, aunque las cifras frías digan lo que digan.

El aumento de la población ha traído consigo un incremento de desocupados, porque encontrar empleo cuesta. Los jóvenes pelean contra cientos por la opción que se abre, pasando muchos a integrar la categoría de quienes ni estudian ni trabajan, o se convierten en emprendedores, viviendo siempre al borde de la incertidumbre, donde no hay espacio para restringidos. Los adultos pierden tiempo real de trabajo productivo, porque ya a los 40 años cuesta volver a emplearse, y quienes son indemnizados pasan al infierno del ocio.

El problema nacional es la desocupación, la falta de oportunidad, que se debe a las restricciones, frenos y prohibiciones a la producción. Cada vez somos más desocupados, gente ociosa a media mañana en las esquinas, recorriendo el mercado laboral sin éxito, sacando fotocopias inútiles y duplicando fotografías, pasando pruebas indignantes del polígrafo, vencidos por el miedo, lo que alimenta el vicio y la delincuencia.

Hay que quitar las trabas al sistema, los sellitos, la burocracia que detiene el progreso, y abandonar los quejidos lastimosos de quienes se oponen a que se haga cualquier cosa, que frenan el desarrollo, que ponen en duda y arriesgan el beneficio colectivo.

La corrupción se nutre de la ineficiencia, tanto como la delincuencia se alimenta de desocupados. Lo que hace falta es dejar de darnos golpes en el pecho, y promover e impulsar la confianza, el empleo, la prosperidad, pero ya. Porque no podemos perder el tiempo castigando a generaciones enteras. Por unos cuantos años se debería de permitir hacer, producir, sin obstáculos, sin miedo a la transformación, porque con la población ocupada se resolvería la mayoría de nuestros problemas. Demos dignidad a los desocupados, y lo demás se resolverá.

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