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Opiniones de hoy

Guatemala a oscuras

opinion

A veces falta la oscuridad para ver y apreciar mejor las cosas.

 

Desde el punto de vista de la física, la oscuridad no existe ya que se define como la ausencia de luz; sin embargo la oscuridad, como vivencia cósmica y poética en nuestras vidas mundanas está cargada de significados, maleficios y palabras.

Clark Ashton, el gran poeta americano escribió sobre ella: “Has arrebatado la luz de muchos soles, sellados ahora en la oscuridad de la prisión, como la llama de una vela que se apaga; has tomado las almas de los hombres, con vientos que soplan desde un lugar vacío; en el abismo están escondidos, y los abismos están sobre ellos…”.

La oscuridad es parte del ciclo de la vida, del devenir del universo, y así como puede ser un abismo que toma el alma de los hombres como recitaba Ashton, sin ella, no podríamos apreciar la luz vibrante de las estrellas en el firmamento. Dicen que la noche llega a su máxima oscuridad antes del amanecer, y cuando este último ocurre, es un momento maravilloso de amarillo horizonte, cuando la vida se ilumina, se realza y descubre.

Este baño de luz y sombra, de claridad y oscuridad se refleja y se repite todo el tiempo, es el eterno retorno de Nietzsche mostrado en su eterna fugacidad de nacimiento, duración y muerte.

De la misma forma, a lo largo de la historia humana ha habido épocas de luz y oscuridad. Días aciagos y sombríos, llenos de sufrimiento, de bombas cayendo y quemaduras en el alma; y otros de regocijo y celebración, de embriaguez y encanto.

Los tiempos modernos son los que nos ha tocado vivir, en esta pequeña parcela del universo, en este mundito apretujado y sufriente, de luces y sombras, de héroes y canallas, de soñadores con pies ligeros y bestias pesadas, de regocijo y amargura.

Hoy la mayoría vemos a nuestro país en la oscuridad, en un viaje por tierras sin camino, páramo, frío, estéril y distante, que se pierde entre la densa bruma; son tiempos de pesimismo, desaliento, de sueños rotos y agotamiento.

Pero esta visión de la noche es parcial, pasajera y ajena; no es el rostro de la verdad. Como en el mito de la caverna, alegoría magistral de Platón para explicarnos la diferencia entre el mundo de las sombras y la luz, el mundo está afuera, nuestro deber es descubrirlo y dejarnos cegar y calentar por el sol brillante.

Nuestro viaje como país es como el regreso de Odiseo a su amada Ítaca, lleno de obstáculos, peligros y encantos. Que el esfuerzo, la valentía y el positivismo nos invada y guíe, porque es nuestra mejor alternativa.

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