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Opiniones de hoy

Guatemala vista con lentes externos

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En esos momentos sale lo mejor de cada sector.

Una sensación de disgusto, incomodidad e incluso de sorpresa nos ocurre cuando escuchamos la percepción de Guatemala de un intelectual internacional, un sociólogo o la de alguien a quien respetamos pero vive fuera del país. No me refiero a los elogios sobre nuestra belleza natural, sobre el reconocimiento a las contribuciones de la cultura maya originaria o sobre alguna de nuestros éxitos particulares. Me refiero a su interpretación de la desigualdad interna, la falta de consensos nacionales o la constante descalificación de unos a otros. Se percibe la incredulidad sobre nuestra capacidad para generar caos donde debiese haber prosperidad y división donde debiese de prevalecer la unidad y sentido de nación.

Un señalamiento tiene que ver con la falta de integración entre grupos poblacionales después de casi doscientos años de vida independiente. Se percibe desde fuera que coexiste la diversidad cultural sin esfuerzos deliberados por acercar a unos y otros, o potenciar ese atributo. Lo que perciben es una actitud de indiferencia y escasa valoración de lo diferente.

Otro señalamiento reiterado es la sorpresa ante los niveles relativos de pobreza extrema en un país con tanta riqueza y con desarrollo importante en ciertos sectores. Les causa estupor la falta de esfuerzos integrados y de participación metropolitana en erradicar la desnutrición crónica o la falta de reacción ante problemas básicos como el acceso al agua potable, el funcionamiento deficiente de hospitales y centros de salud públicos, la calidad de educación demostrada en las pruebas internacionales estandarizadas o el estado de las carreteras en el área rural. Se percibe poca integración entre la moderna área metropolitana y los municipios rurales alejados. Todo esto causa extrañeza, sin embargo, lo que más asombra es esa tendencia a la descalificación de los diversos actores de la sociedad.

Cada uno se refiere mal del otro. Se les estigmatiza en lugar de buscar formas de entender sus perspectivas y construir acuerdos. Les intriga la forma en la que nos enfrentarnos ante cualquier propuesta de cambio, la incapacidad de aceptar que el beneficio global es más importante que un efecto negativo marginal en alguna persona, el constante deterioro ambiental sin que existan consensos sociales para impedirlo, de que veamos siempre fantasmas o complots maquiavélicos en toda propuesta de un sector diferente al nuestro. De ser miopes en función a la construcción de un mejor futuro.

Guatemala muestra su sensibilidad y capacidad de trabajo conjunto ante desastres naturales y en emergencias, eso también lo reconocen desde fuera. En esos momentos sale lo mejor de cada sector. El problema es que se desvanece en el tiempo ante la falta de una visión común de futuro. Tener visiones de sectores, de forma no incluyente, no es solución sostenible. Se requiere de volver a construir una visión compartida. De escribir, en la antesala de los doscientos años de independencia, un gran acuerdo nacional que nos permita enfrentar los rezagos históricos y la coyuntura difícil y polarizada, con una perspectiva de futuro. Se trata de construir un futuro más inspirador, incluyente y sostenible que la situación actual donde la institucionalidad parece a punto de derrumbarse y donde lo que queda es seguir con el sálvese quien pueda. Sin lograr un acercamiento multisectorial genuino y algunos acuerdos básicos sobre acciones concretas en dirección del cambio nacional y la renovación de estructuras obsoletas, el futuro se vislumbra peligroso. Es tiempo de actuar y cambiar el rumbo.

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