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Opiniones de hoy

La corrupción de la justicia

opinion

Sería ingenuo pretender que los jueces no cometieran errores; errar es de humanos. Aunque en esta materia el error puede acarrear graves consecuencias, es imposible eliminar el azar, los errores no intencionadas y la ignorancia en el actuar de quienes imparten justicia. Por tal razón, a lo sumo, lo que se podría demandar de quienes imparten justicia es no cometer errores sistemáticos de manera persistente. Esto es, aprender de los errores cometidos en el pasado e incorporar ese aprendizaje en futuras ocasiones ante situaciones similares. Nos guste o no, la imposibilidad de hacer cumplir la ley de manera perfecta es un hecho de la vida; así como los economistas hablan de una “tasa natural de desempleo”, en materia de justicia es innegable que existe algo que podría denominarse “tasa natural de injusticia”: un nivel mínimo de desviaciones respecto de la correcta aplicación de la justicia imposible de eliminar”. En cierto sentido, ese tipo de imperfección es parte del funcionamiento de cualquier sociedad libre y próspera. El problema radica en que en sociedades como la nuestra, la ilegalidad, la desobediencia generalizada de las normas, las desviaciones en la aplicación de la justicia y el crimen son cada vez más la regla en lugar de la excepción: la anomia.

En palabras de R. Dahrendorf, el reconocido jurista alemán, la anomia es “una condición social en la cual las normas que regulan el comportamiento de las personas han perdido toda su validez”; un estado social en donde la práctica común es que “la violación a las normas no se castigue”. Un estado extremo en donde el desorden y la impunidad están a la orden del día. Descomposición social que se acelera y agrava en la medida que las autoridades a cargo de interpretar y hacer cumplir la ley son quienes encabezan la violación sistemática de las normas y se benefician de la impunidad reinante. Cuando jueces y magistrados se venden al mejor postor; cuando, en nombre de la ley, incumplen lo que esta manda para beneficio propio o el de sus patrocinadores. Tal tipo de jueces y magistrados resultan más nefastos para la sociedad y la democracia que el más cuestionado de los diputados o los ministros. Son estos corruptos y serviles jueces la raíz más profunda del cáncer que corroe nuestra sociedad; para lo poco que les importa, bien harían este tipo de jueces en incumplir una vez más su juramento hipocrático y no aconsejar a sus hijos que sigan sus pasos.

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