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Ausencia

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Y, sobre todo, evitar la uniformidad.

Pensar el futuro es inaplazable. Hora de dejar parches y retoques para transitar hacia la planificación. Y resulta que cuando no hay políticas de prevención en la lógica de Estado (seguridad, educación, salud, etcétera), implementar prosperidad se ve cuesta arriba. Los pilares de nuestra sociedad son erosionados día a día cuando no se anticipa. Cuando todo se resume en resolver “accidentes”. Estamos viviendo las consecuencias de reaccionar únicamente ante la inmediatez. “No da tiempo para innovar”, dicen los funcionarios. Vaya excusa.

Pero muchas deudas tiene el Estado guatemalteco, tantos pendientes impostergables como actualizar la función social; comprometerse con el desarrollo sustentable; invertir en aporte y calidad de vida para todos. Garantizar modelos integrales de crecimiento económico con desarrollo sistemático y equitativo. O convivir con inclusión, con calidad multidimensional y, sobre todo, evitar la uniformidad. Con normas éticas, capacidad crítica y articulación con los problemas de la sociedad moderna y del trabajo, comprendiendo el respeto por las culturas y la diversidad (asunto no negociable). Reforzar los servicios públicos en planes encaminados hacia la erradicación de la pobreza, del racismo y de la intolerancia. Formar ciudadanos responsables, identificados (con identidad), capaces de comprometerse con la realidad: “yo soy yo y mi circunstancia y si no la salvo a ella no me salvo yo” Ortega y Gasset.

¿Cómo construir un proceso de reingeniería en un contexto caracterizado por desigualdades y deficiencias? ¿Cuánto puede costar? ¿Cómo crecer si no poseemos la habilidad de planificar? Pues estamos justo en el momento de tomar decisiones basadas en la razón.

Tenemos derecho a moldear el futuro. A generar riqueza, a fortificar intercambios culturales; a luchar contra el hambre; a promover una cultura de paz; a atender con urgencia el cambio climático; a la cohesión social; a un plan estratégico de las tecnologías. A reivindicar el carácter humanista de nuestra sociedad orientado a la formación integral de personas; a ser ciudadanos capaces de abordar con responsabilidad social y ambiental los múltiples retos de nuestro siglo. Eso y más.

Pero sin planificación, todo se convierte en polvo. Para muestra el botón de este gobierno. ¿Y sin prevención? La prevención habla de preparar con antelación lo necesario para un fin, de anticiparse a una dificultad, de prever un daño, de minimizar un riesgo, de lograr que un prejuicio eventual no se concrete. “Más vale prevenir que lamentar”. Y aquí vivimos a puro lamento. Solo no olvidemos que los funcionarios públicos se deben al pueblo, son empleados de la gente. Y tampoco olvidemos que como gente, tenemos la fuerza, la voz y la última palabra.

 

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