[theme-my-login default_action="register" show_links="0"]

¿Perdiste tu contrseña? Ingresa tu correo electrónico. Recibirás un correo para crear una nueva contrseña.

[theme-my-login default_action="lostpassword" show_links="0"]

Regresar

Cerrar

Publicidad

Opiniones de hoy

Pacto

opinion

El discurso del odio es una cobardía.

 

La realidad de tiñó de banderas. Se desató la tormenta electoral. Una muy particular, por cierto. Pero si la aprovechamos para ejercer nueva ciudadanía, todo habrá valido la pena.

El odio domina continentes y desemboca en atentados terroríficos en contra de la vida de miles de civiles. Diariamente. La mundialización nos abre los ojos y evita que nos hagamos “los locos” ante el sufrimiento global. Los volcanes y cordilleras ya no son obstáculo. Los mares ya no aíslan la comunicación. Hoy se habla de “ciudadanos del mundo” y cada acontecimiento aterrador nos incumbe y nos deja lecciones que ya no admiten la indiferencia. Dentro de ese contexto, el debate sobre la libertad de expresión es planetario. Están los que la defienden racionalmente, pero están también aquellos que consideran que no tiene límite alguno, ejerciendo vorazmente el llamado “discurso del odio”. Esa acción comunicativa que tiene como objetivo intencional promover y propagar una afirmación cargada de connotaciones negativas y discriminatorias, que atentan contra la dignidad individual y colectiva. El racismo y la xenofobia son los ejemplos más comunes. Lo cierto es que estamos viviendo las consecuencias del fanatismo.

En Guatemala sufrimos nuestra propia historia sin aprender lecciones. Hay quienes, cobijados en la libertad de expresión, hostigan sistemáticamente. Sus clichés son usados con elocuencia engañosa: “Comunistas trasnochados”; “polarizados”; “mujeres histéricas”; “ideologizados”; “terroristas”, entre muchos más…

La Guerra Fría ya pasó. Se han derrumbado muros, pero se elevan otros, los de las palabras fanáticas y acusaciones viles. La libertad de expresión de pensamiento es ilimitada, pero debe ser racionalmente ejercitada. ¿Deja de serlo si incita intencionalmente a la repulsión y levanta el polvo del rencor?

Debemos recuperar el sistema educativo para enseñar con determinación el respeto a la diferencia y el derecho a la igualdad. Escucharnos sin temor, debatir ideas con madurez. Sin ataques trillados. Tirar lo viejo. Y qué mejor que este proceso electoral para hacerlo. Uno que nos permita crecer, demandar propuestas, ideas y no caer en la seducción de imágenes y discursos postizos. Hablo de un pacto social renovador.

Muchos incitan al aborrecimiento, lo acuñan y lo justifican con recurrentes falacias (basta un minuto en redes sociales para entenderlo). El primitivo modelo de descalificación, mentira y odio es aparente razonamiento, pero en realidad es la negación por excelencia de la auténtica libertad de expresión. Ya no tiene cabida. Es hora de recuperar palabras de paz. Análisis crítico, maduro. Genuino ejercicio de una ciudadanía comprometida con la democracia real. Porque la nueva política nos incluye sin excusa.

Publicidad


Esto te puede interesar

noticia
No a la represión a nuestros hermanos

Jose Rubén Zamora

noticia Lucero Sapalú/ elPeriódico
Primer nacimiento de 2021 ocurrió en Cobán
noticia AFP
Ford cierra todas sus fábricas de automóviles en Brasil


Más en esta sección

Cabecitas de Algodón pide ayuda para su mantenimiento

otras-noticias

Mujeres se manifiestan contra los femicidios en Guatemala

otras-noticias

Capturan a cuatro hombres por la muerte de dos mujeres en Jalapa

otras-noticias

Publicidad