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Opiniones de hoy

Amores que matan

opinion

San Agustín: la medida del amor, es amar sin medida.

 

Sin duda que el mundo está hecho de amores y desamores. Amantes, embusteros, abnegados pasionales. Amor romántico, carnal, platónico, devoto. Delirio. Sí, dicho turbulento sentimiento está zurcido a volcanes, manglares y manantiales; duerme entre las cicatrices de la luna y la mirada triste de un toro solitario. Camina de puntillas para arremeter en momentos inesperados con sus ojos de lluvia (“Porque te miro y muero y peor que muero si no te miro”). Transita desde el dolor hasta los más altos ímpetus hoy plasmados en museos y bibliotecas de la historia de la humanidad. Pero no hablo necesariamente de San Antonio (el santo casamentero), de “esta tarde vi llover”, “y me bebí tu recuerdo”, “por ese palpitar” o de las artimañas de la Celestina. Tampoco de Eros, Cupido o Julieta. O de aquel que despierta pasiones y amansa corazones. Hablo de nuestro país y de las dos primeras palabras de un poema de Miguel Ángel Asturias: “Dar es amar”.

Dicen que el amor es la cercanía llevada a sus máximas consecuencias. Pertenencia y pertinencia. Es proximidad con lo que se hace: es trabajo. Es una dulce tiranía, una cruel condición de piel y compromiso. El amor también es un lugar común, una tierra compartida llamada país. (Aunque es de aceptar que la Niña de Guatemala efectivamente murió de semejante condición. Según expertos en esta complicada materia, hay amores que matan).

Los románticos de todos los tiempos se han empeñado en ubicar a este voraz sentimiento en un órgano llamado corazón. ¿Dónde le queda a Guatemala? ¿Late? Alguien tristemente comentó que la sociedad guatemalteca se quedó sin amar. ¡Vaya aseveración! Pero, un pueblo que no se conmueve, que no atiende a los gritos de la gente, que no se indigna con el dolor colectivo, que no se fortalece con en fin de resolver, que no reacciona, que mata, que sacrifica a sus niños, que vende a sus jóvenes, es un pueblo vacío de amor. Por ejemplo, grandes mentes de la humanidad, ven hoy tres grandes amenazas para el amor mundial: el calentamiento global, la pobreza extrema, la amenaza nuclear. No en vano dicen que la sabiduría no está en la razón sino en el amor.

Amuletos, agüitas, pociones, brebajes, emplastos, tintura de cardosanto, santos de cabeza, siete misas, todo con tal de volver a nuestro estado de delirio, de eterna primavera, ahí en donde ser de aquí sea un regalo. Donde nadie arranque sus raíces y deje sembrado su ombligo en estas tierras.

Ah, y es mentira que el amor sea ciego, es más, el que ama tiene ojos para ver lo que el indiferente no ve. Ojos para llorar. Y sí, lo siento Guatemala, por hoy me quedo con las palabras de Jaime Sabines: “Me dueles. Mansamente, insoportablemente, me dueles”.

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