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Opiniones de hoy

Una pasiónde vida

opinion

Algo diferente a lo acostumbrado.

 

Esta semana he decido escribir algo diferente. Aunque debo admitir que temas políticos sobran. La victoria de Nayib Bukele en El Salvador con todas sus implicaciones. Las nominaciones de candidatos presidenciales. Las batallas legales que se empiezan a configurar de cara al proceso electoral. Todo lo dejaré de lado para compartirles un poco sobre una de mis pasiones de vida.

Sin duda mi mayor hobby es el fútbol americano. Desde muy pequeño, recuerdo que veía las transmisiones en el cable sin entender nada del deporte. Gracias a narradores como Eduardo Varela, Roberto Abramowitz o Pepe Espinoza, fui comprendiendo las reglas. Y vi que más allá de los golpes, el fútbol americano es un ajedrez en sí mismo.

En el ínterin, me mudé durante una temporada a Estados Unidos. El primer juego al que pude ir fue un Delfines de Miami contra los Patriotas de Nueva Inglaterra. Toda la familia apoyaba a Miami, y yo –rebelde como siempre– decidí que iba a apoyar a los Patriotas. Así de simple. Sin tanto misticismo, sin esas cosas de que los padres te heredan los equipos, o sin las modas pasajeras, así empezó mi afición por Nueva Inglaterra, un equipo que, en ese entonces, era muy malo. Corría el año de 1999. Como buen millennial, el siguiente paso fueron los videojuegos. Madden me hizo entender lo complejo de la estrategia del deporte. Aprendí jugadas, formaciones, esquemas defensivos. Y tal y como nos enseña la película Moneyball de Brad Pitt, mi lado nerd se sintió identificado con la idea que en la NFL, no necesariamente gana el más fuerte o el más rápido. Gana el más listo; el que mejor se prepara. Para entonces, resultó que los Patriotas dejaron de ser tan malos. Y en el 2001, por puro accidente, un mariscal suplente, llamado Tom Brady, tomó las riendas del equipo. De accidente en accidente, y con una que otra decisión arbitral favorable (aquel “Tuck Rule” de 2002), los Patriotas llegaron a su primer Super Bowl contra los Rams de San Luis. Y para sorpresa de todos, ganaron. Gracias a una estrategia bien diseñada pensada y una defensiva sofocante. Así empezó la dinastía. Y así se fue consolidando mi pasión por el deporte y por el equipo. En las buenas y en las malas. Desde 2006 no me pierdo un solo partido de los Patriotas.Conforme fui creciendo, y conforme la tecnología avanzaba y el mundo se encogía, encontré formas de involucrarme en el deporte. Gracias a Amazon, compré mi primer libro de Football Outsiders en el 2009. Y entré al mundo de analytics: esa corriente muy estadounidense de aplicar matemática y estadística al análisis deportivo. YouTube me introdujo a las clínicas de entrenadores. Twitter me llevó a conocer e interactuar con otras personas que también comparten la pasión del analytics y la estrategia. Y así me integré a una comunidad que se dedica a analizar el fútbol americano. Y vaya que entendí que es un universo en sí mismo. Finanzas, economía, estadística, estrategia, psicología, medicina deportiva, diseño institucional, derecho deportivo. Mil y una formas de estudiar el deporte. Hoy que lo pienso, después de mi profesión, el fútbol americano es la actividad a la que más tiempo he dedicado. He leído unos 150 libros sobre el deporte. He visto más de 60 clínicas de entrenadores. Todo sin contar que en temporada, los domingos, lunes y jueves por la noche están dedicados a los partidos. En mis tiempos libres estudio videos de partidos viejos. Así de loca es mi pasión.Gracias a esa comunidad de analytics, he logrado entrar al mundo de la NFL. He sido afortunado de estar en tres Super Bowls, viendo a los Patriotas. He podido asistir a eventos de la NFL. Premiaciones, cenas de gala, Tailgates con jugadores. En todos, debo confesar, me siento como niño en Disney. A mis 31 años, conseguir autógrafos, conocer entrenadores, árbitros y demás personajes me emociona. O qué decir de los Super Bowl. La sensación idéntica a la que de chico sentía esperando Navidad. En 2017, pude ver a los Patriotas ganar un campeonato después de la remontada más espectacular de la historia del Super Bowl. No pude hablar por dos días, de lo afónico que quedé por tanto gritar. En 2018, me tocó verlos perder. Y pasé meses con esa espinita en el corazón. Ahora, en 2019, tuve nuevamente la oportunidad de verlos ganar en vivo. Con un juego que quizá aburrió a muchos por el bajo marcador, pero que fue justo como aprendí a querer el deporte: estrategia y juego defensivo. A la vida le doy gracias por permitirme vivir tan de lleno una de mis pasiones. Y si allá arriba lo permiten, espero de corazón, que esta pasión se convierta en algo más.

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