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Opiniones de hoy

Qué decir de la victoria de Bukele?

opinion

Ni sumando la totalidad de los votos de los demás partidos, perdería Nuevas Ideas el liderazgo.

 

El Salvador tiene un nuevo presidente. Sin perder un solo departamento en todo el territorio nacional, Nayib Bukele sepulta al bipartidismo de los dos extremos del espectro ideológico que ha gobernado por más de tres décadas en El Salvador. Ambos partidos –máximos representantes de la “vieja política”–, han sido fuertemente criticados por Bukele debido a sus obsoletas prácticas clientelares, y por los escándalos de corrupción de los que ninguna de las dos agrupaciones se salva. Según Bukele quien se presenta como la “nueva política”, estos dos partidos son lo mismo: “Dos caras de la misma moneda”, dice. Él considera que: “Ambas agrupaciones son corruptas y a las que nos les ha importado pisotear al pueblo y sus leyes con tal de mantenerse en el poder y seguir saqueando el Estado”.

Bukele sostiene la teoría que Arena y el FMLN se necesitan entre sí para sobrevivir. Es en este punto en donde quiero separar a las agrupaciones políticas de sus ideologías y enfocarme en lo que cada una de estas, supuestamente representa y que se aplica perfectamente a cualquier país de la región centroamericana. En Guatemala, independiente de que no existe un bipartidismo histórico como en El Salvador, nuestra política tiene enraizada a las ideologías extremistas de la Guerra Fría. Sin la izquierda, la derecha no puede ser la defensa en contra del “comunismo” y sin la derecha, la izquierda no puede ser la que instaure la justicia social. Un discurso extrapolado de una historia que unos cuantos intentan mantener con vida; pero como nos ha demostrado Bukele, no es sostenible ante nuevas opciones, nuevos planteamientos y nuevas audiencias. Con Bukele, por fin, se le da la vuelta a una página de la historia que dividió al pueblo de El Salvador y continuó dividiéndolo y polarizando a los salvadoreños, inclusive después de los Acuerdos de Paz. Es hasta ahora que los salvadoreños podrán dejar atrás los conflictos ideológicos de la guerra; pues si aún estaban vivos, era porque esas dos antiguas instituciones los mantenían latentes con el fin de capitalizar al máximo la división.

El éxito de Bukele debiese de poner en relieve los retos que la política del siglo 21 trae consigo. Quienes no comprendan que deben de renovarse y atender las necesidades de una ciudadanía cada vez más atenta y despierta, están condenados a desaparecer. Tanto el FMLN como Arena fracasaron en acercarse a esta ciudadanía que hoy los castiga desde lo más profundo de sus bases; demostrando con ello que las prácticas del pasado poco efecto tienen en el electorado moderno.

Cierto es que las ideologías son necesarias en una sociedad para determinar cuáles son las ideas fundamentales que caracterizan el pensamiento de la persona y el colectivo que dirige; con el fin de conservar o transformar el sistema social, económico, político y cultural existente. Sin embargo, el problema radica en que en nuestros países arrastramos ideologías con definiciones propias y climatizadas a nuestro entorno; ajenas a un mundo cambiante en el que la evolución es la norma.

En Guatemala se le acusa de comunista a quien le da prioridad al desarrollo social, atenta en contra del statu quo o manifiesta abiertamente ideas progresistas. De igual manera, el empresario es visto como explotador sin excepción alguna. En Nicaragua, un excomandante guerrillero se torna capitalista y dictador. Y en El Salvador, la extrema derecha y la extrema izquierda en conjunto saquean el Estado con 300 millones de dólares cada uno. Ser de izquierda o de derecha en nuestros países cobra un estigma histórico que poco tiene que ver con ideología y mucho, con posturas heredadas de una coyuntura a la que nos rehusamos a renunciar. El Salvador marca hoy el paso de lo que promete ser la “nueva política” en la región.

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