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Opiniones de hoy

Los hombres “fuertes”

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El desafío de América Latina es la corrupción estructural.

Nunca me gustaron las películas, libros o canciones de “narcos” porque, invariablemente, involucran toneladas de violencia absurda, sangrienta. El encanto hacia estos “hombres fuertes” (que en casos excepcionales también son mujeres), viene desde aquellos relatos del lejano oeste. Aquellos míticos “outlaws”, generaron centenas de relatos y, en medio del terror y del asombro, fueron amados con pasión. Eran capaces de quebrar el sistema, sin parpadear, sin que les temblara la mano. El mundo se allanaba a su rapacidad. Más allá del romanticismo, hay que aceptarlo: detrás de la violencia rapaz solamente hay dolor. El tráfico de droga provoca al menos seis muertos en nuestros territorios, por cada gramo de coca que inhala un alto ejecutivo en Wall Street o un yuppie en Silicon Valley.

A pesar de mi repudio, fue interesante ver la serie “Narcos” de Netflix. En el contexto que vivimos, resulta esencial comprender cómo el crimen organizado está destrozando la institucionalidad de los países, permeando el sistema económico, ignorando los límites legales, volviendo inocuas las resoluciones judiciales. Lo dijo Pablo Escobar, cuando luchaba por una curul en el Congreso: “queremos un gobierno para nosotros”. Ese “nosotros” no era el pueblo colombiano. Era la estructura del crimen. Es historia el nivel de daño que logró. Cuando viví en Canadá, a finales de los años noventa, miles de colombianos se refugiaban allá. No eran personas pobres en busca de una oportunidad económica. Eran empresarios, profesionales, gente que no soportaba más el sentimiento de estar acorralados.

Las experiencias de Colombia o México, nos enseñan muchas cosas. Para empezar, que el crimen organizado necesita de las autoridades para existir y florecer. Empieza por sobornos a la Policía, pero va escalando. Termina poniendo adentro de su sistema operativo a congresistas, jueces, magistrados, ministros, presidentes. La reciente acusación al presidente Peña Nieto por parte de la gente de “el Chapo”, es claro ejemplo. Cuando el dinero del crimen organizado entra a jugar un papel en las elecciones, tenemos que decirle adiós a la
representatividad.

Y, por supuesto, la retórica que usa esta subcorriente para dominar las mentalidades más ignorantes es la misma: clamor por la soberanía, desprestigio a las autoridades legítimas, la proclama de las virtudes de la “mano dura”. Todo esto sirve a sus propósitos: la destrucción de un sistema de protección a los derechos humanos, a la legalidad, al orden Constitucional. Lo único que les interesa es llevar a los países al autoritarismo porque allí se esconde mejor que en ningún otro lado las actividades criminales. La corrupción estructural que padecen países como el nuestro tiene un claro origen y un oscuro final.

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