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Opiniones de hoy

Hostis humani generis

opinion

¿De piratas, lobos y primates?

 

Enemigo de la humanidad.

Esa es la traducción de la expresión latina que titula esta columna.

Se originó en el antiguo derecho del mar, y se utilizaba especialmente para referirse a los
inmisericordes y desalmados piratas.

El enemigo de la humanidad, era pues, un facineroso. Ese truhan con pata de palo, como, más o menos, diría Joaquín Sabina.

Quizás, tal categorización hoy daría lugar a considerar como enemigos planetarios, por ejemplo, a torturadores o a genocidas (si tiene tiempo, busque en Internet el caso Filártiga v Peña-Irala, F.2d 876, United States 2nd Circuit Court).

Pero, visto de otra manera, ¿no serían también “piratas” quienes asaltan el poder público para su propio beneficio? ¿No serían enemigos de la humanidad aquellos gobernantes que desatienden el interés común, para no tener límites en su desenfrenado afán de lograr sus propios intereses?

No lo sé. Quizás aplicarles ese concepto del siglo XV o XVI sería demasiado inexorable. ¿Les quedaría mejor ser denominados como los “homo homini lupus” del siglo XXI?

Si el interés propio es el que prima en un detentador del poder público, la etiqueta rescatada por Thomas Hobbes en el siglo XVII quizás no les vendría tan mal aún en estos días (el egoísmo como elemento básico del comportamiento humano).

Lobos, pues, serían, quienes depredan al prójimo, en su afán de ver logrados sus provechos personales.

¿Y qué de los primates? Encontré un fabuloso, breve y divertido ensayo, de Fernando Iwasaki, contenido en su libro Las Palabras Primas.

Nos cuenta cómo, en los últimos años del siglo XIX y primeros del XX, en España, a los políticos se les denominaba con el mote de “primates”.

Y que a estos les encantaba, porque en su escasa instrucción, creían que se los decían por tener primacía y ser magnates.

Pero cuál fue el susto de Iwasaki, y ahora el mío, que el propio Diccionario de la Real Academia Española define en dos acepciones diferentes al primate. Por supuesto, está la zoológica. Pero vea usted este otro significado: m. personaje
distinguido, prócer.

Por lo tanto, proscrito queda llamar a un  malvado funcionario, primate.

No es distinguido, mucho menos prócer.

Y si prestamos atención a la acepción zoológica, que se refiere a un mamífero (¿diferente al ser humano?), plantígrado, con las extremidades terminadas en cinco dedos provistos de uñas, de los cuales el pulgar es oponible a los demás, al menos en los miembros torácicos, entonces, jamás podríamos llamar primate a un sinvergüenza funcionario, porque esos mamíferos nunca podrían tener la maldad que se requiere para ser, por
ejemplo, corrupto, en un país paupérrimo.

Me quedo entonces con el término “lobos”. Y, cuidado, que nos acecha la jauría.

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