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Opiniones de hoy

Enfoque: ¿Más de lo mismo… o mejor cambiamos?

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La única manera de romper un círculo vicioso es comprender que se está dentro de él y hacer algo diferente para no repetir la historia.

 

Debo reconocer que con el paso de los años me gusta más la historia, entre otras cosas, porque sirve para aprender que los cambios llegan cuando surgen ideas nuevas, se hacen cosas diferentes y novedosas o cuando el hastío alcanza a un pueblo y se revela contra la opresión, el abuso y contra todo aquello que le ha sumido en una condición indeseable.

Un ejemplo de ello son las revoluciones, aunque hay muchos más. A mediados de 1789, cuando los franceses ya no soportan más el fastuoso reinado de Luis XVI –que les mantenía sumidos en la pobreza y prácticamente sin derechos ante la nobleza–, salen a las calles a pelear contra la monarquía. Cuando Luis XVI intenta finalmente cambiar de rumbo y acepta muchas de las demandas populares, es tarde porque las exigencias apuntan a “Libertad, igualdad y fraternidad” y en ellas no cabe un rey. México vivió su revolución; nosotros tuvimos la propia el 20 de octubre de 1944, cuando el hartazgo popular llega a tal punto, que se pone fin a un régimen que pretende prolongarse tras la dictadura de Jorge Ubico. Estos son tres ejemplos, aunque hay muchos más de parecida índole en diferentes regiones del mundo.

La democracia es un sistema que intenta evitar –entre otras cosas–, el surgimiento de regímenes autoritarios, represivos y corruptos. Pero como bien reza el refrán popular: hecha la ley, hecha la trampa. En nuestro caso han sido los propios políticos quienes hacen las leyes y preparan la trampa para seguir en un círculo vicioso en el que ellos –la llamada clase política– se beneficia con un sistema que ha demostrado ser corrupto e incapaz de resolver los problemas de fondo que nos aquejan.

Así vemos que cada cuatro años se convoca para celebrar elecciones, pero en condiciones en las que se trata de controlar o minimizar la posibilidad de que se lleven a cabo los grandes cambios. El sistema perverso sigue controlando el círculo vicioso y la población termina en medio de una confusión tal, que vuelve a repetir más de lo mismo, y los cambios no llegan. Antes era la manipulación y el financiamiento electoral ilícito, hoy tienen otros métodos. Ahora mismo se está comprobando algo que unos pocos denunciamos desde su gestación: la Ley Electoral y de Partidos Políticos (LEPP) es una trampa más de los políticos para impedir que se pueda producir un cambio de rumbo significativo y positivo para el país. Resulta que se obstaculiza cualquier posibilidad de cambio, porque se hacen reglas de juego que, lejos de crear una campaña igualitaria, lo que hacen es cerrar los espacios para que no se puedan dar a conocer propuestas nuevas y refrescantes. Resulta que como el péndulo, nos vamos del hastío y abuso de la llamada campaña electoral anticipada, a silenciar a los aspirantes o candidatos. Bastaba con prohibir la propaganda llamando al voto, pero en vez de ello se llega incluso a violar el derecho a la libre expresión del pensamiento.

Esa clase política, tiene que defender también todo el andamiaje que con tanta dedicación han venido construyendo gobierno tras gobierno. Los políticos se han convertido en los amos del sistema de justicia, como ahora estamos comprobando, cuando la Corte Suprema de Justicia resuelve favoreciendo a aquellos que influyeron para su llegada y pueden decidir también su eventual reelección.

Sin embargo, aún con estas deficiencias, hay que encontrar la fórmula para romper el círculo vicioso en el que los mismos –entendiendo por los mismos a quienes representan la vieja política– intentan prolongar su control sobre las instituciones –Presidencia, el Legislativo y corporaciones municipales–, a pesar que han demostrado hasta la saciedad el fracaso que hasta ahora han tenido. Por eso hay que ver y escudriñar bien a cada candidato y su partido. Ya con Jimmy Morales hemos visto que una cara nueva, puede resultar parte de la vieja política, cuando se rodea de gente de ese pasado. ¿Cuántos funcionarios, asesores, militares o exmilitares cercanos a él, han ocupado cargos en gobiernos anteriores? Muchos.

La situación no es fácil. La desinformación está a la orden del día. Ya hay quienes se suman a la corriente y prefieren seguir en una situación en la que ya se han acomodado. Así sucedió con los nobles de la Corte de Luis XVI. Ellos pensaban que la monarquía nunca sucumbiría. La voluntad y fuerza popular terminó expulsándolos.

¿Acaso hemos mejorado sustancialmente en materia de pobreza, salud, educación, corrupción, impunidad? ¿Acaso hemos construido un Estado de Derecho? ¿Se han fortalecido las instituciones? ¿Tenemos el país que deseamos? Si la respuesta es NO, empecemos a provocar el cambio. ¡Piénselo!

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