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Opiniones de hoy

Traición a la educación

opinion

Guatemala, en términos educativos, representa una sociedad atrasada e incapaz.

 

El sistema educativo en Guatemala, ha sido traicionado sí. Equivocadamente traicionado, porque la mayoría de profesionales que se han desempeñado como ministros no han defendido su trabajo y su obligación de convertirse en auténticos líderes para que el sistema mejore y vaya llenando sus infinitas carencias. Los resultados demuestran, hoy por hoy, que varios de ellos, con el mayor cinismo se han plegado a la complacencia del Poder omnímodo del país, que tiene miedo. Mucho miedo de que la mayoría se eduque, para tener criterio y no credulidad. Transformaron, ese Ministerio, en un monstruo de la burocracia y un reducto de complacencias políticas llevándolo a la vergonzante situación en la que actualmente el 80 por ciento de su presupuesto se gasta en salarios y el escaso 20 por ciento que todavía sobra, no cubre cualquiera de las urgentes de demandas educativas que agobian y limitan a la niñez.

Lo que sí hemos tenido en el proceso de tres décadas son muchas resmas de papel perdidas, donde han quedado impresas las ideas y los mil y un programas con que los tecnócratas, consultantes, han saturado el posible funcionamiento de una educación paradigmática, ideal, pero que ya en la realidad y, a la hora de aplicarlos, los políticos de turno han archivado. Pienso que para educar a un pueblo con grandes resabios de analfabetismo, marginamiento y exclusión –por falta de espacio– como hasta actualmente se hace, no era necesario destinar tantos millones ni tanta pérdida de esfuerzo profesional.

A partir de la década de los años sesenta, las consecuencias de la malintencionada idea de que “No hay que educar al indio, porque es peligroso” secundada por la que se piensa que “no hay que educar al campesino, porque se vuelve socialista” ahora, sufrimos todos las consecuencias y los resultados de una realidad que mostró y sigue demostrando el abandono y la indiferencia con que los políticos de turno, por tradición, han respondido, sabiendo de la importancia que es para el desarrollo social y económico de un país educar a su niñez y juventud. Guatemala, en términos educativos, representa una sociedad atrasada e incapaz. Aunque ya un optimista viceministro de Educación ha adelantado que, “Que los resultados de mejorar la educación se ven en un proceso de tres o cinco años”, solo pidámosle que nos cuente, dónde están construyendo esos cien institutos de secundaria para que disminuyan los índices que ya existían desde hace 20 años, que demuestran que, de cien jovencitos que salen de 6º. de primaria, solamente para 15 de ellos hay cupo en el sistema público. No nos extrañemos, entonces, del fenómeno de las maras, en todo el territorio. ¿Y dónde están presupuestadas las nuevas plazas y dónde están construyendo todas las escuelitas que acogerán a ese millón y medio de niños que deben comenzar a educarse el 2019 y no tienen a dónde acudir? Solamente estas dos preguntas serían suficientes para desnudar una situación degenerativa, para la que el sistema tiene, cada año, la misma respuesta: “Para eso no hay partida ni fondos”. “Que se aguante la infancia y la juventud, mientras nosotros compramos a Joviel”.

Sin embargo, este gobierno invierte más en el Ministerio de Gobernación y en el de la Defensa que en programas de desarrollo, y no hay inversión extranjera, no solamente por la criminalidad y la falta de certeza, sino también porque no existe la mano de obra calificada en varias profesiones y técnicas, con que cualquier compañía extranjera necesita trabajar.

Traición a la Educación le llamo yo, a los sucesivos gobiernos que no atendieron y hoy más se ignora, el Artículo 74 del mandato Constitucional que los obliga a entender que: “Que los habitantes tienen el derecho y la obligación de recibir educación preprimaria, primaria y básica”. Alta traición a la Educación en Guatemala es asignarle al sindicalista Joviel Acevedo Q1 mil 627.41 millones de quetzales, para financiar el pacto colectivo con su sindicato-comparsa, y olvidarse de los niños, como lo ha hecho el presente gobierno. Sin embargo, a ellos nadie los persigue, por marginar así la educación de todo un pueblo.

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