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Opiniones de hoy

La triste historia de Adelaida López

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Triste historia la de esta joven que sacrificó su vida por una sinrazón. (Historia real, con nombres cambiados)

 

Fue a finales de la década de los setenta, en febrero de aquel año, cuando llega a buscarme Hilario López, albañil conocido por haber trabajado con mi familia por años. Me dice que por favor le asesore sobre un asunto personal, pues yo soy “graduado de universidad”, y él apenas aprendió a leer y escribir.

Me explica Hilario que a su hija, quien está por ingresar a la Universidad (Centro Universitario de Occidente de la Usac), le han ofrecido una beca para ir a estudiar al extranjero, y a él y su esposa les da mucha preocupación y dudas. Le respondí que con gusto le podría dar opinión, pero que llegara con su hija para que ella me explicara sobre el asunto. Lo hizo al día siguiente, acompañado de la hija (ella con pantalón de lona y mucha soltura), y de su esposa, una mujer sencilla, con su traje indígena de quetzalteca.

Una vez en mi oficina le pregunto a la hija (de nombre Adelaida), que me explique lo de la beca. Ella, con evidente molestia me dice que le han ofrecido irse a estudiar al extranjero sin ningún costo para la familia. Le pregunto si tiene evidencia de la invitación, y ante la insistencia del padre me entrega una carta con membrete de UNESCO, en la que indican una fecha en la que debe presentarse en México. Al leerla veo que la fecha en que debía estar en aquella Ciudad ya había pasado, y se lo consulto, con lo que me dice que no hay problema, pues la fecha puede prolongarse. Luego le cuestiono sobre si cuenta con Visa y Pasaporte, a lo que me dice que no, pero que no se lo solicitarán. Estas respuestas me dan dudas, por lo que les indico –con cualquier excusa– que debo salir un momento de la oficina, trasladándome a otro lugar desde el que hago una llamada telefónica a UNESCO de la Capital, consultando sobre la veracidad de la invitación. La persona que me atiende me pide le indique el logotipo que aparece en la parte superior de la carta, y le informo que es un Partenón griego. Ante ello me dice de inmediato la persona que atendía la llamada que ese logotipo no lo usaban desde hacía un buen tiempo, y que no era la primera ocasión en que utilizaban el nombre de UNESCO para reclutar jóvenes que llevaban a entrenamiento guerrillero, solicitándome convencer a la familia, sin decir razones, a que lleguen a la Capital a las oficinas de UNESCO para ellos investigar sobre este anómalo procedimiento. Vuelvo a la oficina con la familia de Hilario y les explico que deben ir a la Capital a renovar la carta, etcétera, etcétera.

Pasado unos dos o tres meses llega a buscarme nuevamente Hilario, muy compungido y triste, indicándome que la hija Adelaida se escapó de su casa, y llorando me dice que no se llevó su corte (traje indígena), sino únicamente pantalones de lona y sudadero. Sin duda Hilario había sido informado que la hija iba a integrarse a alguno de los movimientos guerrilleros de la época.

Después de un par de años, y luego de que en varias ocasiones preguntara a Hilario por su hija, este me indica que esporádicamente recibían carta de ella, en la que les indicaba estar bien, y que se movilizaba por diversos lugares, por lo cual no podía darles una dirección a donde dirigirle cartas. Les decía que estaba en México, en las áreas rurales, sin decirles el para qué. Con el tiempo supe que estaba en Cuba. Una tarde entro a una heladería (La Americana) en Quetzaltenango, y veo a un grupo de jóvenes y entre ellos reconozco a Adelaida. Ella me ve y me lanza una mirada fuerte, agresiva, con lo que yo opto por retirarme del lugar, convencido de que Adelaida había vuelto a Xela. A los meses veo en la prensa local que en un reducto de guerrilleros en Almolonga, explotó una bomba que mató a varios de sus integrantes, entre ellos Adelaida López. La noticia me causó pena por Hilario, a quien fui a buscar para saber si estaba enterado. Cuando me lo confirma me comenta que todo empezó tiempo antes de que me visitara para consultarme sobre la supuesta beca, cuando en una noche de parranda el hermano mayor de Adelaida tuvo un incidente callejero con un grupo de militares, en el que se entabló una pelea, recibiendo el hermano una paliza que le dejó afectado de por vida. Esto causó en Adelaida un resentimiento contra las fuerzas de seguridad que, según Hilario, la motivó a incorporarse en la guerrilla.

Pasados más de 40 años de aquel incidente, reflexiono –una vez más– sobre la forma en que se engañaba a jóvenes imberbes a incorporarse en los movimientos guerrilleros, haciéndoles creer que podrían cambiar el rumbo del país, aprovechándose de su buena fe e ignorancia. Y la Universidad facilitó, o al menos permitió, que estos actos inhumanos e irresponsables se dieran.

Triste historia la de esta joven que sacrificó su vida por una sinrazón.

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