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Opiniones de hoy

Solapando el actuar criminal del Gobierno

opinion

Éste como el de 1954 han sido golpes lentos.

 

En 1944, Guatemala comenzó un proceso que provocó quizá el único cambio estructural que ha tenido en toda su historia, a pesar de las limitantes raciales y patriarcales de ese momento. El experimento duró diez años y como está ampliamente documentado, fue aniquilado por el gobierno de Estados Unidos, intereses empresariales liderados por la United Fruit Company, la Iglesia católica, una sección del Ejército y la oligarquía guatemalteca. Todos estos sectores asumieron las políticas públicas, especialmente las creadas por el gobierno de Jacobo Árbenz, como una amenaza a sus negocios y la posibilidad de perder el poder sobre los recursos y la mano de obra indígena y campesina que hasta hoy los mantiene con el control del poder político y económico.

El golpe de 1954 quedó grabado en el imaginario histórico, como el momento en que la posibilidad de construir un país distinto fue arrancada violentamente. Es un proceso que aún duele y al que la historia como disciplina aún se refiere y se seguirá refiriendo porque representó un parteaguas en la vida de las generaciones posteriores.

Por eso, es doloroso vivir siete décadas después un proceso similar a ese golpe. El fin del experimento de cambio institucional del Siglo XXI en Guatemala ha sido la batalla fraguada a manos de casi los mismos actores del pasado, en contra de la CICIG por los intereses económicos que la Comisión ha tocado. Éste como el de 1954 han sido golpes lentos, que han utilizado la propaganda para influenciar los corazones y las mentes de la población, al mismo tiempo que en las esferas de poder nacionales e internacionales se hace trabajo de cabildeo y las elites, iglesias y Ejército se alinean para adoctrinar a sus bases.

Es así que el actual golpe que vivimos se comenzó a fraguar desde agosto de 2017 cuando Jimmy Morales declaró non grato al Comisionado Iván Velásquez. Posteriormente, la Corte de Constitucionalidad ordenó permitir la entrada del Comisionado al país, resolución que Morales y su gobierno desobedecieron y se rehusaron a acatar, convirtiendo así la presidencia en una dictadura. Posteriormente, en agosto de 2018, el dictador Morales anunció que no renovaría el mandato de la CICIG. El golpe continuó esta semana cuando migración y cancillería cancelaron las visas de 11 funcionarios de la CICIG ordenando que abandonaran el país en un plazo de 72 horas.

En este momento, de permitirse el fin de la CICIG, quedará en la historia como un hito levemente similar al Golpe de Estado de 1954, cuando nuevamente la raquítica democracia fue truncada marcando el comienzo de nuevos procesos de violencia, guerra y muerte. Las segundas oportunidades raramente ocurren en la historia y Guatemala tiene hoy la posibilidad de construir un país democrático y equitativo para todos sus pueblos. Esta vez, nuevamente está presente la mano y la influencia del gobierno de Estados Unidos que solapa el actuar criminal de Jimmy Morales y su gabinete.

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