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Opiniones de hoy

Enfoque Nochebuena y Navidad a la chapina

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Aunque no todos tendrán una “Noche de paz y Noche de amor”, los guatemaltecos disfrutamos de estas fiestas.

 

La Navidad es una celebración eminentemente cristiana, porque es la conmemoración del nacimiento de Jesús, aunque debemos reconocer que no hay ningún documento histórico que confirme que este acontecimiento tuvo lugar en la noche entre el 24 y 25 de diciembre, cuando nosotros conmemoramos la Nochebuena y el día de Navidad.

La Enciclopedia de la Iglesia Católica reconoce que la fecha se establece porque los antiguos romanos, paganos en aquella época, dedicaban el 25 de diciembre a celebrar el nacimiento del Sol Invencible durante el solsticio de invierno, y entonces las autoridades religiosas deciden suplantar la festividad pagana y convertirla en cristiana. Es así como se establece –allá por el siglo III– la fecha para celebrar aquel momento que, con bastantes detalles, registran los evangelistas Mateo y Lucas. Insisto, no se trata de la fecha, sino del acontecimiento en sí, sin importar si este sucedió en un día y quizás mes diferente. Así es que desde hace aproximadamente 1,800 años existe la Navidad.

Por eso no debe extrañarnos que siendo Guatemala un país con fuertes raíces cristianas –entre católicos y evangélicos somos más del 90 por ciento de la población–, tenga muy arraigada la tradición de esta festividad, que abarca la Nochebuena –24 de diciembre– y la Navidad –25 de diciembre–. De hecho, me atrevo a decir que para los guatemaltecos la celebración más importante es Nochebuena, porque es cuando se celebra la cena familiar y se asiste –en el caso de los católicos– a la misa de Gallo, aunque no siempre es a la medianoche.

Guatemala es uno de los países latinoamericanos con mayores diferencias socioeconómicas. Así de diferentes son también los tipos de fiestas, cenas y celebraciones. Las hay desde las más pomposas con vinos, pavo, champán, grandes regalos, cohetes y demás, hasta las más humildes, en las que no se puede variar demasiado lo que se come en el día a día.

Antes de escribir esta columna tuve una conversación con Pablo Diego, un amigo lustrador que conozco desde hace muchos años. Vive en la capital, pero es oriundo de Quiché, en donde vive su esposa y algunos familiares más –aunque la mayoría está en Estados Unidos, como migrantes indocumentados–. Él espera también esta fecha con entusiasmo. Este año su ilusión es comprar un teléfono inteligente, como un regalo para sí mismo, pero su mayor deseo es ir y estar con los suyos para Nochebuena y Navidad.

Voy a pasarla con mi esposa, me comenta con alegría, cuando comparte los preparativos que hace para viajar. No cabe duda que la celebración de Nochebuena y Navidad no son fiestas de clase social, son una fiesta para todos los que mantienen la creencia que Jesús vino al mundo en un pesebre para vivir como ser humano 33 años.

Yo recuerdo cómo celebramos en la casa de mis padres estos días. No cabe duda que el gran momento era Nochebuena. Los diez hermanos disfrutábamos de los tamales y a la medianoche abríamos regalos. No eran abundantes, pero siempre había algo para destapar.

Esa tradición la he tratado de mantener con mis hijos. Aunque a veces en la mesa hay pavo, yo prefiero el delicioso tamal que tanto me hace recordar a mi mamá, quien por cierto inculcó en nosotros que se trata de una ocasión muy especial para compartir. Fue con ella que comprendí la razón de los regalos. No debe ser por consumismo –no hay que preocuparse en el valor–, simplemente es una oportunidad para compartir algo con personas a las que amamos. Si no se tiene para comprar, un abrazo cariñoso puede ser el mejor regalo. En lo personal me encanta esta época. No deja de darme siempre algo de nostalgia por los seres queridos que ya no están, pero reconforta vernos rodeados por la familia.

Para tener una auténtica noche de paz, noche de amor, no se necesita de grandes lujos. Lástima –eso sí–, que demasiados guatemaltecos tengan que pasarla en medio de absoluta pobreza y en gran abandono. Es una noche también para recapacitar sobre ello. ¡Feliz Navidad! mis apreciados lectores.

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