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Quisiera ver una ciudad donde dan ganas de vivir y no una donde apenas se sobrevive.

 

Ignoro si la ciudad de Guatemala fue efectivamente alguna vez la metrópoli vibrante, segura y limpia que parecen recordar los abuelos. Desconozco si lo que suelen describir como tacita de plata era realmente una urbe con espacios públicos apropiados, planificación adecuada, comercios pujantes y una vida urbana envidiable.

Muchos de los elementos que uno pediría, de tener la oportunidad, estaban presentes en aquella época: seguridad para caminar libremente por las calles, parques, vías de transporte, disponibilidad de servicios básicos, ordenamiento y un entorno propicio para generar desarrollo sostenible.

Lo cierto del caso, es que la ciudad de Guatemala dejó hace mucho tiempo de ser una capital vibrante y conectada con sus ciudadanos. Difícilmente alguien calificaría este lugar como un espacio ejemplar o una ciudad modelo. Esta ciudad sigue careciendo de elementos básicos como un sistema de transporte público adecuado, seguridad, espacios públicos, soluciones de vivienda adecuadas y contacto con sus habitantes.

Estoy convencido que la ciudad en la que se reside juega un papel fundamental en la calidad de vida de todo individuo. Mucho de las quejas que uno escucha de las personas que viven en esta ciudad afecta directamente la capacidad de los habitantes a llevar una vida más plena. Acá me refiero por ejemplo a la gran cantidad de tiempo que todos perdemos en movilizarnos. Sea a través del pseudo sistema de transporte público con el que contamos o por medios privados, la faena de llegar de hogares a lugar de trabajo y viceversa se vuelve un tedio insufrible.

Claramente muchos de los problemas que he descrito arriba tienen raíces profundas, pero debemos atacarlos. Necesitamos esa voluntad inquebrantable de corregir errores y evolucionar. El tema de la seguridad es un ejemplo claro; se puede argumentar que la alcaldía tiene en cierta forma atadas las manos por la forma en que están diseñados los roles activos de cada entidad en este país y, por lo tanto, es injerencia directa y exclusiva de la PNC. Sin embargo, creo que debemos hacer que ese sistema funcione o rediseñarlo y proveer poderes descentralizados en una medida adecuada. Lo que es seguro es que no podemos seguir esperando que algún día las cosas sí marchen bien. Ciudades mucho más grandes y con mayor grado de dificultad lo han logrado arreglar y lo mismo debemos hacer nosotros. Bajo la dirección del alcalde Giuliani la ciudad de Nueva York, por ejemplo, se basó en análisis estadístico para atacar el creciente problema de asaltos en el sistema de transporte subterráneo. Para proteger y servir localmente, en Tokyo nunca se encuentra un habitante muy lejos de una “caja de seguridad”. El sistema denominado “Koban” coloca más de 1,100 pequeñas estaciones con por lo menos dos policías en cada ubicación. Los agentes proveen seguridad e interactúan con la comunidad, proveyendo direcciones y otros servicios, haciendo la ciudad más amigable.

Por otro lado, las ciudades que tienden a maravillarnos invariablemente cuentan con espacios públicos muy bien logrados. Ciudades como Viena, Munich, Lyon o Toronto cuentan con parques y espacios de convivencia que elevan significativamente la calidad de vida de sus habitantes. El mal urbanismo olvida los espacios entre las construcciones: esas plazas donde las personas convergen y donde logran recrearse más allá de sus hogares. Los espacios públicos son importantes porque democratizan las ciudades, permiten que las personas convivan y se relacionen.

Yo quisiera ver esta ciudad cambiada a una que nos permita vivir en ella y no en ciudades satélites que solo nos sirven de dormitorio. Quisiera poder contar con plazas a las cuales poder acudir para almorzar -y hacer una agradable pausa durante los días hábiles- y parques para visitar durante el fin de semana. Quisiera poder dejar el carro y viajar por un sistema público, eficiente, limpio y seguro. Quisiera ver una ciudad ordenada, limpia y bien rotulada. Quisiera ver una ciudad donde dan ganas de vivir y no una donde apenas se sobrevive. Mientras usted medita –en los próximos meses- su voto para la alcaldía, trate de reflexionar qué tipo de ciudad desea y analice si alguien tiene realmente un plan para desarrollar esta urbe con tanto potencial.

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