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Opiniones de hoy

De la estupidez a la locura

opinion

Seducción a su lectura.

 

Ese es el título de la obra póstuma de Umberto Eco.

Contiene una colección de columnas de opinión del gran escritor y ensayista italiano.

Con su genial humor, a veces negro, nos dejó sus magníficas reflexiones mediante una antología que cubre temas que van desde los viejos y los jóvenes, del odio y la muerte, de la religión y filosofía y
justamente, de la estupidez a la locura.

En un artículo publicado en el 2013, titulado “Esos putos rayos cósmicos”, incluyó unas precisiones sobre el uso de Twitter, que me parecieron irresistibles.

Ello, porque ese medio ha facilitado enormemente el ejercicio de la libre expresión, haciéndolo básicamente ilimitado, pero planteando a su vez enormes retos en cuanto a la brevedad y la concisión con la debe poderse decir algo en doscientos ochenta caracteres.

Nos recuerda que los críticos de Twitter centran su reclamo en que ese medio induce a las personas a expresarse en forma
sentenciosa, pero superficial.

Pero el problema no es el formato, sino tener, o no, la capacidad, ante todo, de la concreción.

Nos pone como ejemplos, twitter que serían perfectos: “Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más”.

En suma, el mensaje subliminal de Eco es que Twitter está para los genios de la expresión, que pueden sintetizar en muy pocas palabras, grandes mensajes.

Cabe la honesta duda si Donald Trump es un buen twittero.

Entiendo que la admiración que se profesa por algunos usuarios de este medio, es porque precisamente tienen el don de la palabra, y la inteligencia para ordenarlas de manera contundentemente breve, y decir mucho, con poco.

Twitter, nos insinúa don Umberto, en su sentido más puro, es para los más aptos emisores de opinión.

En el libro hay cientos de columnas dignas de ser leídas. Otra trata de un tema muy curioso. El título es “¡Qué vergüenza, no tenemos enemigos!

Cuenta una anécdota simpática de su conversación con un taxista paquistaní en Nueva York. Cuando le pregunta el chofer que quiénes eran los enemigos de los italianos, y luego de responder que no los tenían (como los hindús para los paquistaníes), en una especie de esprit d’escalier, se da cuenta que los enemigos de los italianos son los propios italianos. Los ejemplos que pone al final, me recordaron mucho a Guatemala.

Finalmente, un regalito en épocas navideñas: en la columna ¿Agitado o mezclado?, nos regala recetas para hacer un buen Martini. Buenas letras para saber cómo hacer un buen aperitivo. ¿Nada mejor que eso, no?

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