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Opiniones de hoy

Los tentones

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Las leyes en el país son severas para castigar a quienes se defienden de la delincuencia.

 

La falta de respeto se ha extendido vertical y horizontalmente en la sociedad. Los tentones son la evidencia. En el pasado, toquetear a las muchachas en la apretura de los autobuses era una transgresión de escolares malcriados, pero en la actualidad alcanza a los adultos, a hombres casados, con hijos, de corbata y maletín, que democráticamente se atreven en plena vía pública a tentar a quienes podrían ser sus hijas, hermanas o madre. Y admiten orgullosos la acción en público, a la hora del café.

El actuar malicioso se extrema enfermizo, y muchas mujeres acusan haber sido víctimas de humillación pública, en espectáculo para quienes observan sin intervenir, riéndose o cerrando los ojos, porque los extorsionistas nos han educado a aceptar todo lo que se nos hace sin chistar, o nos lanzan a la justicia internacional encima, porque las leyes en el país son improcedentes con los correctos, pero severas para castigar a quienes se defienden de la delincuencia. Dañar a un ciudadano común se ignora, pero es imperdonable tocar a un maleante.

De allí deviene el problema social, porque no hay relación entre el “sentido común” y las “leyes” que protegen los derechos de los asesinos, violadores, secuestradores, extorsionistas. Aquí vale más la opinión de un delincuente que la de un ciudadano normal. Un criminal que quiera divertirse desde el aburrimiento de su condena perpetua, puede señalar a quien le dé la gana, y su voz se escucha, pero si un ciudadano común denuncia que está siendo extorsionado se le exigen pruebas. La costumbre se aprende en la escuela, donde los buleadores mandan, y para expresar poder la gente anda por la calle abusando de los más débiles.

Un artista plástico fallecido llegó al extremo de asaltar a punta de pistola, en la vía pública, a un ingenuo transeúnte, y con lo obtenido compró el vino para quienes asistieron a la inauguración de su exposición esa noche, y lo reveló en medio del acto cultural, para que se les atragantara lo bebido o aplaudieran la audacia.

La falta de respeto se expande, y ahora hay mujeres superando a los tentones, agrediendo a los muchachos, haciéndolos sentir el sabor de la vergüenza.

Es preciso recuperar el sentido común, no podemos permitir que la delincuencia mande en la sociedad, devolver la autoridad y el respeto a las instituciones, promover las buenas costumbres. Quizá habría que cortar las manos a los tentones en la plaza pública, o algo así de salvaje, para principiar a poner fin al desorden social.

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