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Opiniones de hoy

Enfoque Entonces… ¿Qué país queremos?

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¿A quién le disgustaría que Guatemala fuera un país que progresa política, económica y socialmente, en donde se respeta la libertad y se erradica la impunidad y la corrupción?

 

Recuerdo que cuando era patojo, escuchaba decir a cada rato en la casa –familia de periodistas, al fin y al cabo–, que la situación del país está complicada. Esa frase me ha acompañado a lo largo de la vida. Los guatemaltecos vivimos complicados por una u otra razón, pero casi siempre el o los principales responsables de la situación, están en los poderes del Estado, en la clase política y los grupos de poder o de presión.

En los años sesenta y setenta del siglo XX, la situación delicada se relacionaba principalmente con el conflicto armado, con militares y guerrilleros como protagonistas. Como aquella pelea se libraba dentro del marco de la llamada Guerra fría, es lógico que los ingredientes fueran principalmente ideológicos.

Con el fin de los gobiernos militares vivimos aires democráticos en los años ochenta. La nueva Constitución define el tipo de país que queríamos en 1985: respeto a los derechos humanos; mayor libertad individual y colectiva –de empresa, a la propiedad, a la libre expresión, política, de organización social, religiosa y de protesta–.

La Carta Magna crea figuras determinantes en un juego de pesos y contrapesos para fortalecer la democracia e impedir el autoritarismo. Figuras destacadas creadas por la Constitución son la Corte de Constitucionalidad (CC) y el Procurador de los Derechos Humanos (PDH); se crea un Estado que debiera funcionar con armonía y promover el desarrollo.

Se resta fuerza y protagonismo político al Ejército.

Si bien se quería un Organismo Judicial independiente, se le somete al poder político –malo–. Ahora resulta que en medio de lo que estamos viviendo, y bajo las banderas ideológicas, se quiere retroceder. Se pierde libertad y, si aquella Guatemala que queríamos hace más de 30 años no era ideal, era mejor plataforma para progresar si hubiese existido voluntad política de hacerlo. Veamos el país que se trata de construir –entre diputados, Jimmy Morales y los grupos que los respaldan–, aunque en realidad lo que hacen es destruir lo poco que se ha avanzado desde 1985.

Sin pesos y contrapesos: Como no es fácil borrarlos del escenario, intentan debilitar o desgastar, antes de buscar el control de la CC y la PDH. El pretexto es que a la clase política no le gustan los actuales magistrados ni el Procurador. Además, se le devuelve poder e influencia a los militares.

Qué reine la impunidad: Afuera la CICIG, con un MP más blando. Al presidente Morales ni siquiera le gusta que la Contraloría fiscalice y presente denuncias contra los funcionarios que cometen actos incorrectos con el erario público, pide que les dejen ¿trabajar? ¡Por favor!, si la ineficiencia está a la vista.

Pero además, el Congreso quiere rebaja de penas, para que delincuentes y corruptos no tengan sentencias largas y puedan delinquir a sus anchas.

Reinado de prensa oficializada: Recobra poder Ángel González y se aprieta a la prensa independiente, buscando unificar criterios informativos. En el Congreso hay quienes quieren poner bozal a medios y redes sociales que critiquen a funcionarios –cosa que es inconstitucional, por supuesto–.

Ya no me alcanza el espacio para continuar. Esto es una lástima, porque lo que la mayoría de guatemaltecos quisiera es un país en donde haya respeto a los derechos de las personas, que existan oportunidades de superación, más empleo, que mejore la educación –esa que se deja en manos del dirigente Joviel Acevedo– y la salud, además de imperar la justicia y terminar con la corrupción y la impunidad. Nada de eso tiene que ver con ideologías. Siguiendo la línea de la columna sobre la niñez, yo sigo soñando con un país que progrese, entendiendo PROGRESO como el desarrollo continuo de algo, con mejoras en todos los órdenes. En el caso de Guatemala, incluso con mejoras más ambiciosas que las que tuvo la Constitución del 85. Y usted, querido lector ¿qué país quisiera?

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