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Opiniones de hoy

Sociedades abiertas

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Buscamos con urgencia cambios, pero no aquellos que nos lleven al totalitarismo.

En algo se han puesto de acuerdo las extremas izquierdas y derechas: el miedo a George Soros. Y uno se pregunta, ¿por qué? Aparte de ser un hombre muy rico, ha tenido una importante influencia a través la defensa de las causas que le interesan. Una de las instituciones creadas por Soros es la Open Society Foundation.

La expresión “open society” no fue acuñada por Soros. Se trata de un planteamiento filosófico y político que rechaza las estructuras transpersonalistas de los gobiernos fascistas y comunistas, donde los individuos pierden tanto sus libertades civiles como el ejercicio democrático. El filósofo austriaco Karl Popper escribió una obra bastante difundida “La sociedad abierta y sus enemigos”, donde critica tanto al marxismo como al fascismo, debido a que ambos extremos comparten el mismo fundamento filosófico, inclinado al totalitarismo. En los gobiernos totalitarios, la posibilidad de que existan controles ciudadanos es una quimera. El individuo queda aplastado, sin libertad alguna, sometido a la maquinaria del sistema burocrático y totalitario.

Para Karl Popper, el esfuerzo humano está en construir una sociedad abierta donde cada ciudadano comparta la responsabilidad de gobernar, sin permitir que el poder quede en manos de una estructura autoritaria que anule la libertad. Tanto la extrema derecha como la extrema izquierda buscan lo mismo: control y una ideología única.

George Soros es un seguidor de Karl Popper. Para los de la extrema derecha, los apoyos de Soros a las luchas por los derechos civiles, el feminismo, los movimientos LGBT, el racismo, sus aportes a proyectos que fortalecen la libre expresión, son un desafío a la estructura de poder tradicional: “el hombre blanco heterosexual y cristiano”. Esta noción que no solamente es económica, sino también cultural, solamente se sostiene a base de estructuras de poder hegemónico cuyas derivaciones económicas y de sometimiento de los más vulnerables son innegables.

La extrema izquierda, por su parte, afirma que todos estos movimientos son una mera estrategia para segmentar el corazón mismo del marxismo: la lucha de clases. Estos movimientos sociales son considerados por los marxistas como una “izquierda” mansa y acomodada, “rosada” o “lila”, que le sirven al neoliberalismo ya que no cambia de manera radical la estructura de poder económico y fragmenta.

No es coincidencia que George Soros haya salido a bailar en la coyuntura que vivimos en Guatemala. Tampoco es casualidad que tanto la extrema izquierda, como la extrema derecha se unan en el mismo discurso que deslegitima la lucha contra la corrupción, que desprestigia los movimientos sociales tales como el feminismo, el movimiento LGBT, los movimientos indígenas, o que ambos se sientan tan cómodos con Nicaragua. Los otros, queremos inclusión pero nunca a costa de la libertad y sumisión al totalitarismo. ¿Cuál es el camino?

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