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Opiniones de hoy

Enfoque Nineth Montenegro ¿víctima o acusada justamente?

opinion

Ha dedicado su vida a defender causas en las que cree; su partido se ha diferenciado de los demás, pero ahora la colocan en la misma canasta.

 

En el lejano 1984, el entonces jefe de Estado de facto, Óscar Mejía Víctores, trataba de dar una fachada democrática a su régimen y buscaba crear espacios que le dieran credibilidad mientras la Asamblea Nacional Constituyente elaboraba la nueva Constitución para dar paso a elecciones libres como hacía tiempo no habían.

Como parte de su estrategia –supongo–, el general Mejía decidió la creación de la que se llamó Comisión de la Paz, para buscar –supuestamente– mecanismos de diálogo. Fui invitado a ser miembro de dicha Comisión, en mi calidad de presidente de la Asociación de Periodistas de Guatemala (APG), y a lo internó se me encomendó encabezar la Sub-comisión de Derechos Humanos, una tarea delicada entonces.

Aquella Comisión de la Paz la presidía el entonces rector de la Usac, Eduardo (Guayo) Meyer y había otras personalidades nacionales, con lo cual la instancia generó alguna expectativa entre la sociedad guatemalteca.

Cierto día, estando en mi oficina particular –era corresponsal de agencias de noticias internacionales–, se presentaron dos mujeres. Ambas tenían su rostro compungido y no era para menos: eran la esposa y la madre del sindicalista Fernando García, que había sido capturado por las fuerzas de seguridad pocos días antes y temían por su vida.

Una de ellas era Nineth Montenegro de García y la otra María Emilia de García. Su testimonio –y la tristeza y preocupación que mostraban– me impactó.  Ellas llegaban con la esperanza que aquella Comisión por la Paz pudiera hacer algo para que se respetara la vida del joven sindicalista, que era esposo, padre e hijo.

Haciendo algunas averiguaciones sobre el caso, en mi calidad de periodista, pude enterarme que podía estar vivo. Llevé el caso al seno de la Comisión, y el Ministro de Gobernación de aquel gobierno militar –cuyo nombre se me escapa–, dijo que conocer esos casos no era la tarea de la Comisión. Hubo discusión interna y terminamos renunciando a la instancia Guayo Meyer y yo.  El Rector volvió a los pocos días a insistencia del Gobierno, pero la APG no volvió. La Comisión se diluyó sin logros. Tuve que hablar con Nineth y decirle que la Comisión no haría nada. Para ese entonces ya se habían reunido más mujeres en un grupo y querían organizarse para hacer denuncias. La razón de esa organización, seguramente, es que era producto de una ola de detenciones-desapariciones que había llevado a cabo el Gobierno, contra dirigentes del movimiento sindical y de organizaciones de izquierda.

Fernando García fue asesinado, posiblemente en un cuartel militar, y el caso se encuentra bastante documentado en el Archivo de la Policía Nacional que ha sido desclasificado. Ya hubo incluso un juicio sobre esta desaparición forzada.

Es así como Nineth promueve la creación del Grupo de Apoyo Mutuo de familiares de desaparecidos (GAM), que mantuvo una lucha constante, plantando la cara al régimen militar. La hoy diputada fue una activista valiente. El GAM, con ella en primer plano, ocupó la Catedral y hasta el Palacio Nacional, de donde fue sacada arrastrada durante el gobierno de Vinicio Cerezo.

Nunca tuvo miedo, nunca se escondió, siempre fue fiel a su lucha.

Finalmente comprendió que su tiempo de activista había terminado y pasó a la lucha política, buscando ganar espacios democráticos y con esfuerzo mantener una línea responsable y comprometida con sus principios. Eso le valió que siempre sus colegas diputados la vieran con recelo y desconfianza, algunos la han tildado de izquierdista y los net center se ensañan con ella para desprestigiarla. Cometió un error al aceptar un año ser parte de una Junta Directiva de un desprestigiado Congreso.

Yo he mantenido contacto profesional, de amistad y respeto con ella desde 1984. Ahora está pasando por un momento complicado por la acusación por financiamiento electoral ilícito. Estoy seguro que librará su batalla judicial de manera diferente a los políticos tradicionales, pero hay fuerzas muy grandes que quieren verla hundida. Su caso lo armó el MP en tiempo récord. Todo surge cuando se sabe que el grupo que impulsa a Thelma Aldana a una candidatura presidencial se ha acercado a ella y a Encuentro por Guatemala. No hay que apañar ningún acto de financiamiento ilícito, pero la justicia debe ser eso, justicia, y no una herramienta represiva. Hay que seguir con atención todo el proceso. Ojalá que los que no conocen su trayectoria se preocupen en conocerla. No es una ciudadana común y corriente, se ha sacrificado y ha sido valiente como pocas.

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