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Opiniones de hoy

La emergencia pasó, pero el desastre sigue

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Los alcances de la mala gestión no se detienen en la emergencia provocada por el desastre natural, tienden a potenciarse en todas las áreas ordinarias de la gestión pública..

La emergencia provocada por la erupción del volcán de Fuego, se está quedando pequeña infortunadamente para damnificados directos de esa catástrofe y para el resto de la población en general, ante el desastre permanente que provocan las acciones y omisiones del gobierno que parece empeñarse en dejar al país en ruinas.

Lo que parecía una oportunidad para que el gobierno levantara la percepción sobre su pobre gestión, al aprobarse el Estado de Emergencia y con ello dotarle de todas las facilidades para que pudiera ejecutar fondos para atender las necesidades de los damnificados, y que durante toda su gestión ha puesto Morales como pretexto de la escasa ejecución de obra pública culpando a la Ley de Contrataciones, se ha convertido en una muestra más de incapacidad de su administración pues con ley vigente y sin ella, se dan los resultados esperados por la población.

En una nueva versión y además mala copia de lo ocurrido en gobiernos pasados, las etapas de emergencia y reconstrucción repiten los mismos vicios y malas prácticas de desastres anteriores, incluso superándolas en su mal desempeño al conocerse apenas seis semanas después de la tragedia del volcán, numerosos casos de eventos de adquisiciones plagados de irregularidades como sobrevaloración y mala calidad de los bienes adquiridos.

Pero los alcances de la mala gestión no se detienen en la emergencia provocada por el desastre natural, tienden a potenciarse en todas las áreas ordinarias de la gestión pública con el apoyo irrestricto que obtienen ministros cuyo pésimo desempeño es de dominio público y que, sin temor a ser reprendidos o evaluados por sus desaciertos, continúan tomando decisiones que debilitan y hasta hacen retrocedernos en procesos donde ya se estaban alcanzando resultados.

En la línea de destrucción se encuentra sin freno el ministro de Gobernación que sigue debilitando programas y procesos en marcha que justamente cuando fue nombrado, habían alcanzado su mejor resultado pues el cambio de cúpula en gobernación y la Policía se da cuando se registraron los niveles más bajos de homicidios. Es decir, si la lógica y el sentido común fueran la brújula del actual gobierno, ninguna evaluación hubiera aconsejado el cambio de autoridades y menos de rumbo en retroceso.

Los arrebatos y caprichos desplazaron a los programas y planes de acción en seguridad y la prioridad de esa cartera es monotemática: debilitar por todos los flancos el trabajo de CICIG y a quienes considera sus apoyos. La persecución denunciada por el exdirector de la PNC, Nery Ramos, contra él y su familia es un caso emblemático que enciende las luces rojas de alarma de que estamos regresando a los tiempos en que los aparatos de seguridad eran instrumentalizados para perseguir a los que se considera enemigos del régimen y proteger los actos delictivos de quienes ejercen el poder.

La agenda de retrocesos domina igualmente en otros poderes del Estado como el Legislativo donde ahora pretenden “autorizar” quién puede o no cubrir los actos legislativos, una práctica digna de una dictadura a la que seguramente aspiran varios de quienes por primera vez probaron las mieles del poder al incorporarse a esta mal llamada administración que seguramente será recordada como la mayor farsa de nuestra incipiente era democrática.

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