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Opiniones de hoy

¿Quién con una guía se pierde?: Guatemala

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Cada día resulta más difícil echar a andar los mecanismos que han permitido a otros países generar empleo formal de forma masiva y salir de la pobreza.

Hace 30 años exactamente, la revista Crónica, Año 1, Número 30, presentaba un reportaje titulado “Mucha Ocupación, Poco Empleo”, cuyo mensaje principal, se lee, era que “las últimas cifras oficiales sobre la estructura del empleo arrojan resultados preocupantes que muestran una alta proporción de trabajadores subempleados… casi dos terceras partes de los guatemaltecos están desempleados o subempleados”. En ese entonces, tal y como lo relata esta fuente, la principal preocupación era el subempleo, el cual, “según la Encuesta Nacional Sociodemográfica 1986-1987, en el país sobreviven en estas condiciones un millón 600 mil personas, lo que equivale al 58 por ciento de la fuerza de trabajo. El subempleo afecta, sobre todo, a los jóvenes comprendidos entre los 15 y los 19 años en las áreas rural y suburbana”.

Mientras esto sucedía en Guatemala, China, que sufría un problema similar en naturaleza pero centenas de veces más grande al de Guatemala, apostó por promover la creación de empleo masiva por medio de la promoción de la industria liviana dentro de Zonas Económicas Especiales –ZEE–. Hoy, treinta años después, todo es historia: Shenzen, una de estas primeras zonas, pasó de ser un pequeño pobre pueblo pesquero en los setenta a ser una ciudad cosmopolita de más de 12 millones de personas con un PIB en 2017 cercano a los US$350 billones (cinco veces el de Guatemala) y un ingreso per cápita superior a los US$25 mil.

Mientras que China logró convertirse en la primera economía mundial, Guatemala, como bien concluía el reportaje de la citada revista, sigue siendo “un país que desaprovecha mano de obra… eso nos convierte en un país atrasado con una economía poco dinámica”. Paradójicamente, la revista en cuestión, tres números antes, edición No. 47, explicando las reformas económicas del modelo chino de principio de los ochenta puso delante de los ojos de todos los instrumentos económicos básicos que tantos países han usado “para atraer las inversiones extranjeras e importar tecnología moderna y la pericia de los administradores occidentales”: las Zonas Económicas Especiales. Resaltando que “la más exitosa… Shenzen… en 1983 su producción industrial había sobrepasado 11 veces la de 1978”. Modelo que Honduras, después de ver el éxito chino, decidió implementar desde hace algunos años atrás y que hoy le está rindiendo importantes frutos en términos de empleo e inversión extranjera. Mientras tanto, la informalidad laboral, alcanza hoy el 70 por ciento de la fuerza laboral; desde mediados de los ochenta la población que labora en estas condiciones pasó de ser un poco más millón y medio de personas a ser casi 5 millones hoy en día. Un problema que ha crecido tanto que ya ni las típicas demagógicas promesas electorales en materia de empleo son suficientes. No obstante, cada día resulta más difícil echar a andar los mecanismos que han permitido a otros países generar empleo formal de forma masiva y salir de la pobreza.

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